“Necesitamos un programa hidrocarburífero auténticamente federal, industrializador y humanizado”

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Una reciente entrevista de Horacio Verbitsky al Presidente Alberto Fernández tuvo un fuerte impacto en la industria. En el reportaje, AF parece contradecir sus propias directivas como presidente. El  referente de energía del Frente de Todos  e integrante del equipo de asesores del bloque de senadores del FpV-PJ, Federico Bernal realiza una exégesis detallada de las declaraciones del presidente.

 ¿Coincide con que el número uno del Poder Ejecutivo Nacional dejó entrever un cierto rechazo a Vaca Muerta?

De ninguna manera. Leí la entrevista y vi el video con sumo cuidado. Creo que se confundió la opinión de Verbitsky con la del Presidente. Para mí, Fernández fue muy claro. Dijo textualmente que se desincentivó la producción convencional con Macri al caer la exploración y las técnicas de recuperación secundaria y terciaria. Y eso es verdad. Acto seguido, añadió que él quiere incentivar todo. Sería ridículo suponer que “todo” son todos los convencionales menos Vaca Muerta. Cuando dice “todo” yo creo que se refiere a un programa de exploración y explotación que vuelva a traer equilibrio entre todas las cuencas y provincias, por supuesto en proporción de lo que cada una de ellas puede aportar. En otros términos, un programa hidrocarburífero auténticamente federal, industrializador y humanizado, en el marco de los objetivos de la Ley 26.741 de Soberanía Hidrocarburífera.

En la entrevista se compara o se pone al mismo nivel a la recuperación terciaria de yacimientos viejos con el shale de Vaca Muerta.

Sí, pero eso lo hace Verbitsky. La recuperación terciaria se emplea una vez agotada la recuperación secundaria (inyección de agua). Se destina a yacimientos maduros o de baja presión, no siendo aplicables a todos los yacimientos ni a todos los reservorios. La técnica utiliza fundamentalmente inyección de polímeros y surfactantes para liberar el petróleo atrapado en el agua, que es el remanente de la recuperación secundaria. Lleva mucho tiempo de estudio, pilotos, análisis de datos y laboratorio.En pocas palabras, su implementación no es instantánea ni sencilla.

En la Argentina ¿cómo estamos en recuperación terciaria?

Hay varios proyectos de envergadura. El piloto de YPF en Manantiales Behr es importante. Pero el de mayor vuelo es el de CAPSA, en Chubut. De hecho, creo que está entre los más grandes del mundo. El piloto de recuperación terciaria de Diadema data de 2007, aunque el incremento de la producción recién comenzó a registrarse a partir de 2014 con la primera inyección de polímeros. La producción del yacimiento ronda los 1.850 m3/d y tengo entendido que en 2019 el incremental estará rozando los 350-400 m3/d, con un factor de recuperación del 8/10%.

¿Y sólo en Chubut?

 Sí, en la Cuenca del Golfo. En 2018, el aporte de la recuperación primaria de petróleo explicó un 54% de la producción nacional,la secundaria un 38% y la terciaria 0,5%. En cuanto a esta última técnica, se concentra exclusivamente en la Cuenca del Golfo San Jorge (46% de la producción nacional en 2018), donde a su vez representa el 1% del aporte provincial. Por empresa, la recuperación terciaria está concentrada en CAPSA, Tecpetrol e YPF (Manantiales Behr). No tengo dudas que, con una terciaria a pleno, la vida útil de la Cuenca del Golfo podría extenderse tal vez al 2100. Pero siquiera alcanzando tal resultado, la terciaria puede compararse con el potencial presente y futuro de Vaca Muerta.

Y en Vaca Muerta ¿qué hacemos entonces?

Volviendo a la falsa disyuntiva con la recuperación terciaria, Vaca Muerta no es comparable con nada, su potencial presente y futuro es único. El petróleo tiene una muy alta calidad -mucho más que el crudo de la Cuenca del Golfo-, y eso es positivo tanto para el parque de refinación local, como para exportarlo. También una ventaja es que tiene gas asociado. Ese gas asociado tiene que contrarrestar la bajada de equipos de este último año y de aquellos proyectos de inversión que se han tirado atrás por la caída de los precios domésticos, el desplome de la demanda y la baja salida exportadora. Y esto no lo va a salvar una planta de GNL. Además, ese gas asociado podrá conseguirse a un precio excepcional para el país, esto es, para poner a la economía de pie.

Apuntar Vaca Muerta al petróleo…

Sí. Y sin subsidios. El Estado debe fijar las nuevas reglas de juego para el sector en materia de exportaciones, importaciones, precio del barril para el mercado interno y precio de exportación. No son muchas las empresas ni las concesiones para analizar qué conviene a cada una y cómo alinear sus intereses con los de la Argentina, siempre tratando a YPF de forma diferenciada, pues además de ser la principal energética y propiedad de los argentinos y las argentinas, el macrismo la dejó al borde de la quiebra. En fin, creo que puede alcanzarse un buen acuerdo que nos beneficie a todos y que permita convertir al shale en una fuente de divisas, de recursos para ser reinvertidos en nuevos proyectos, a la vez que convirtiendo a los combustibles en motor de desarrollo y pieza clave de la recuperación de la economía y la lucha contra la inflación.

¿Y con el shale gas?

El gas de Vaca Muerta tiene que pensarse como un elemento industrializador por excelencia, de mejora continua en la calidad de vida de la población y como un producto exportable, sobre todo hacia el Mercosur. Ahora, la gestión Macri convirtió al servicio público de gas de red en un bien de lujo. La expansión de la red de distribución domiciliaria entre enero de 2016 y octubre de 2019 es la peor de la historia. Cuando reencaucemos a la Argentina por una senda de genuino desarrollo, esa demanda se recuperará. Cuando consigamos tarifas justas, razonables y asequibles, la expansión de la red residencial retomará sus mejores años de crecimiento (que, por cierto y paradójicamente, ocurrieron entre 2007 y 2011). Pensemos no solamente que el GNEA fue paralizado por la anterior gestión, sino que nadie puede conectarse porque dada la situación de crisis y de herencia tarifaria es prohibitivo. En fin, revertir la nefasta herencia que nos deja Macri contribuirá a asegurar demanda a las productoras. Y a esta mayor demanda, agregar otras dos, las que mencionaba al comienzo. Ojalá que las actuales autoridades de la Secretaría de Energía estén trabajando en la industrialización masiva del shale gas a través de la construcción de nuevas plantas petroquímicas y plantas separadoras de líquidos que aprovechen las corrientes exportadoras, las existentes y las nuevas, porque tenemos que gasificar el Mercosur. Necesitamos un programa hidrocarburífero auténticamente federal, industrializador y humanizado.





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