La revolución energética posible

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Para Daniel Montamat, referente indiscutido del sector energético de la Argentina, el país está bien encaminado en la materia. Sin embargo advierte sobre la importancia de asuntos clave: la estabilidad macro, el desarrollo de infraestructura y de los mercados y la mejora continua de la productividad.

Por Daniel Gustavo Montamat (*)

Hay cambios en el paradigma energético mundial que nos deben servir de referencia para la estrategia energética argentina. Hoy la matriz de energía primaria del mundo sigue dependiendo de los fósiles: 34% petróleo, 23% gas, 28% carbón (85%).

La matriz eléctrica de generación de electrones depende 38% del carbón, 23% del gas, 4% del petróleo, y un 35% de energía alternativas (hidro 16%, nuclear 10%). A su vez en la matriz mundial de consumo final, la energía eléctrica aumenta su participación respecto al gas y a los combustibles fósiles.En esa estructura mundial de la energía, hay tres tendencias que se afianzan por el lado de la oferta, y dos por el lado de la demanda. Por el lado de la oferta:

En la energía primaria: la sustitución intrafósiles de carbón y petróleo por gas natural. En el 2030 la participación del gas superaría la del carbón.
Hay una diversificación de las fuentes de energía con creciente participación de las fuentes alternativas. Eso se advierte más en la matriz eléctrica.

Hay una mayor electrificación del consumo final de energía (acá se reflejará, entre otros, la penetración de los autos eléctricos en el parque automotriz)

Por el lado de la demanda:

La necesidad de descarbonizar el consumo de energía por los problemas ambientales localizados y del cambio climático global.
La posibilidad de hacer una gestión inteligente de la demanda de energía introduciendo internet en la redes eléctricas y promoviendo la interacción de la oferta y la demanda (internet de las cosas).
La estrategia energética argentina de largo plazo no puede ir a contrapelo de esos cambios estructurales en el paradigma energético mundial. Tenemos todo el potencial para cabalgar estos cambios de paradigma y aprovecharlos. Desde la escasez actual y los traumáticos reacomodamientos de precios y tarifas, la Argentina puede ir a un escenario de energía abundante, sustentable y de precios competitivos para la producción y el consumo.

Para eso, primero tenemos que asumir la realidad: hoy la energía es parte del problema económico. El déficit energético impacta en las cuentas externas. Fue de 3200 millones de dólares en el 2017 y será de alrededor de 3000 millones este año. En la década pasada teníamos superávit en el balance comercial energético. Pero el déficit energético también impacta en las cuentas públicas: el subsidio energético alcanzó la astronómica cifra de 20.814 MMU$S en el 2014. Se redujo a 8803 millones de dólares en el 2017, y este año estaba previsto reducirlo a 4.000 millones. El impacto de la devaluación ha frenado recomposiciones tarifarias previstas para reducir los subsidios indiscriminados, por lo que el subsidio a la energía en el 2018 rondará los 6.000 MMU$S.

Para revertir esta situación tenemos que recapitalizar el sector y desarrollar el inmenso potencial.

Hay que empezar por el potencial que nos ofrecen los recursos no convencionales. Por supuesto, esto no quita aprovechar el potencial de energías renovables. Pero en la transición, estas son complementarias. Las reservas totales probadas y probables (P1+P2 ) de petróleo y gas natural que depredamos en la década pasada suman unos 10.000 millones de boe (barriles equivalentes de petróleo). Los recursos estimados de shale gas y shale oil suman 170.000 MMboe. Vaca Muerta sola suma 70.000 MMboe, de los cuales 76% son recursos de gas. Hay zonas de la formación donde predomina el gas seco, otras donde predomina el petróleo, y otras donde hay gas asociado.

Por supuesto que hay que aprovechar el petróleo y el gas, y que las circunstancias actuales favorecen más el desarrollo del shale oil, pero la clave de un aprovechamiento integral está en el desarrollo intensivo del gas. Hoy producimos un promedio de 130 millones m3/día de gas, y unos 500.000 barriles día de petróleo (con yacimientos convencionales maduros que declinan y recursos no convencionales cuya producción crece a tasas significativas). El plan oficial prevé multiplicar por dos la producción de petróleo y gas en 5 años.

Ese crecimiento productivo con crecientes volúmenes exportados devolvería una balanza comercial superavitaria de 15.000 millones de dólares a fines del próximo lustro. La vara es alta, y es más probable de alcanzarla en petróleo que es gas, pero ya hay resultados concretos: hoy la Argentina sigue a EE.UU en la tecnología shale, los rendimientos son excelentes, y tenemos una base de actores internacionales con intereses en la explotación.

También tenemos un antecedente histórico que nos recuerda que la convocatoria al capital local e internacional es posible cuando hay coherencia entre la política y los hechos: con la “batalla del petróleo” lanzada en 1958 por el Ex Presidente Frondizi , en cuatro años la producción petrolera de la Argentina se multiplicó por 3 (de 5 millones de m3 año a 15 millones), y la de gas por 4.

La única posibilidad de que el desarrollo intensivo de los No Convencionales sea realidad en el gas, es que nos decidamos a interactuar en el mercado mundial de GNL. El Gobierno, la industria y los stakeholders tienen que comprometerse en este desafío común. Hay que despejar cuellos de botella logísticos y hay que articular relaciones de largo plazo con la demanda potencial que está sobretodo en Asia. Si no lo hacemos, el mercado doméstico y la región no dan para mucho más que para unos 200 MMm3/día de producción promedio.

Si podemos interactuar en el mundial de gas, el volumen productivo puede alcanzar los 280/300 millones de metros cúbicos día. Vamos a tener un gas muy competitivo para el mercado doméstico, que tendrá que asumir la referencia Henri Hub (hoy alrededor de 3 dólares), y vamos a tener excedentes petroleros significativos que podemos comercializar en el mercado americano.

A los chinos gas, a los americanos petróleo. Estamos encaminados y la energía empezará a dar buenas noticias, pero en la agenda pendiente sigue habiendo deberes clave: la estabilidad macro, el desarrollo de infraestructura, el desarrollo de mercados (interno, regional, GNL) , y la mejora continua de la productividad (que acompañe las mejores prácticas y reduzca los costos). Hay que invertir 10.000 millones de dólares por año sólo en VACA MUERTA. El desarrollo del potencial energético no nos va a hacer ricos. Nos va a facilitar el desarrollo que nos debemos.

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