Crítica de la razón energética

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Gerardo Rabinovich analiza sagazmente el escenario energético argentino signado por la pérdida de los consensos políticos alcanzados al inicio de la gestión y su impacto en el sector. Señala con agudeza cómo las políticas implementadas erróneamente, debieron neutralizarse, cuando realidad económica frustró su aplicacion. Sin embargo, para Rabinovich no todo es negativo y subraya el rumbo y cumplimiento en materia de renovables e hidrocarburos no convencionales. Pero advierte sobre la necesidad de evaluar las opciones con criterios económicos e ingenieriles los posibles riesgos y las contingencias de los objetivos planteados y señala la necesidad de un Plan Energético Estratégico, con consenso social políticamente consolidado en el Parlamento.

Escribe
Gerardo Rabinovich (*)

Este año ha sido muy traumático para el sector energético agobiado por una difícil situación macroeconómica y debilitado por decisiones cuestionadas.

La fijación del sendero de precios del gas natural, precio director de la economía energética nacional, demostró ser imposible de aplicar en la forma que fue planteado por la Resolución 46/2017, generando un fuerte sacudón político al interior de Cambiemos, y esencialmente en la sociedad, que vio asombrada como sus facturas de gas natural podían multiplicarse cinco a seis veces.

Este cimbronazo político asociado al desajuste de las variables macroeconómicas, y los nuevos parámetros asociados al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, fue uno de los motivos de la reestructuración general del Gobierno: obligó a la salida del ministro de Energía y la modificación de la estructura de ministerios subordinó el área energética al Ministerio de Hacienda. Estos cambios eliminaron equipos completos en áreas como planeamiento, eficiencia energética y políticas tarifarias.

El sector energético argentino se encuentra frente a un nuevo escenario, habiendo transcurrido gran parte del gobierno de Cambiemos. Este nuevo escenario esta signado por la pérdida de los consensos alcanzados al inicio de la gestión. El impulso inicial ha ido decreciendo y muchas de las políticas implementadas erróneamente debieron ser desactivadas, frente a una realidad económica que demostró que eran impracticables.

En el tiempo de gestión que queda, no son muchas las iniciativas que se podrán impulsar y solamente quedarán planteadas algunas de ellas a ser encaradas por futuros gobiernos.

La energía ha sido uno de los problemas más importantes que tuvo que enfrentar la actual administración: el descalabro causado por el kirchnerismo desestabilizó el sistema energético. Subsisten problemas estructurales en la infraestructura que ponen barreras al objetivo central formulado ahora explícitamente, que consiste en duplicar la producción de petróleo y gas natural y transformar en pocos años a la Argentina en un actor de clase mundial en el mundo de los hidrocarburos.

¿Son realistas estos objetivos? ¿Porque nuestro país, que no ha sido capaz de sostener altos niveles de producción a lo largo de su historia ahora sería capaz de convertirse en exportador neto de petróleo y gas natural? ¿Qué ha cambiado para que, de país importador que pretende autoabastecerse, ahora pase en pocos años a ser un actor de clase mundial en el mercado petrolero internacional? Conviene siempre recordar que la Argentina es un país con petróleo y gas, pero no es un país petrolero. Vaca Muerta, con toda su potencialidad no modifica esta definición.

Para poder contestar las preguntas anteriores se debe avanzar con la consolidación de un Plan Energético Estratégico, con consenso social y consolidación política en el Congreso nacional. Las decisiones tomadas en los últimos meses por el nuevo Secretario de Energía muestran que deben evaluarse las opciones con criterios económicos e ingenieriles y evaluar con criterio profesional los riesgos posibles y las contingencias que se deberán enfrentar para llevar adelante los ambiciosos objetivos planteados.

En materia de precios de la energía, la realidad ha mostrado que otra política era posible, que las tarifas de las empresas reguladas permitieron recuperar niveles capaces de cubrir sus costos luego del proceso de Revisión Tarifaria Integral (RTI) y que no estaba allí el problema sino en el sistema de fijación de precios del gas natural establecido en la Resolución 46/2017, concentrando los incrementos comprometidos con los productores en las tarifas de los usuarios residenciales, pequeños consumidores, usuarios cautivos y usinas eléctricas.

Este es el camino que se ha comenzado a desandar en los últimos meses desactivando este mecanismo, reduciendo el precio que pagan las centrales eléctricas y promoviendo subastas para lograr restablecer un mercado competitivo a través del Mercado Electrónico del Gas (MEGSA).

Pero el sector energético no se reduce a la política petrolera y a los objetivos que se plantean para explotar los recursos no convencionales y particularmente los de Vaca Muerta. Es por ello que debe ser considerado por la alta conducción estratégica del gobierno, un nuevo plan nuclear argentino, que contemple la producción de electricidad de origen nuclear y también el futuro de todo el complejo industrial y científico que la rodea, como así también las relaciones particulares, pacíficas y amistosas con Brasil, con quien nos vincula un tratado de cooperación en esta materia, que proyectaron los presidentes Alfonsín y Sarney en los años 1980, en los albores de nuestra democracia.

El ordenamiento institucional de la hidroelectricidad debe ser reformulado para hacer frente a los proyectos en ejecución y futuros, como así también al vencimiento de las concesiones de las centrales hidroeléctricas privatizadas en la década de los ‘90.

Las energías renovables no convencionales y la eficiencia energética siguen siendo objetivos centrales de la política energética nacional y del cumplimiento de los compromisos asumidos en el marco de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas por el Cambio Climático, que actualmente está reunida en Polonia, analizando como hacer frente a los alarmantes informes producidos por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climatico (IPCC).

Hacia fines de este año comienzan a verse resultados alentadores de las políticas implementadas: Vaca Muerta es una realidad y la producción de petróleo y gas natural han vuelto a aumentar luego de varias décadas de decadencia, impulsada por el shale oil de Loma Campana y el shale gas de Fortin de Piedra. Otros proyectos esperan su turno.

La estrategia de YPF apunta acertadamente a obtener excedentes exportables de petróleo, y su éxito va a depender del nivel de los precios internacionales del petróleo, de la disminución de los costos operativos que hagan competitivo el crudo en los mercados, y del éxito del plan de estabilización acordado con el FMI que brinde estabilidad macroeconómica al país.

En la medida que estos factores se verifiquen, las inversiones anunciadas podrán lograr el objetivo incrementar la producción de petróleo y gas, y si el entorno es aún más favorable mayores inversiones podrían superar estos objetivos, porque el recurso está comprobado y la calidad de este es muy buena. El país asumió un fuerte compromiso con la industria para obtener resultados ambiciosos en la explotación de estos recursos.

Las energías renovables están comenzando a ingresar al Sistema Argentino de Interconexión luego de las exitosas subastas realizadas en el marco del plan Renovar, y el crecimiento del Mercado a Termino de Renovables empieza a hacer visible esta opción en nuestra matriz eléctrica. El ritmo de incorporaciones no es el esperado, no podrán alcanzarse en el corto plazo los objetivos de la ley 27.191, pero nada impide todavía que en 2025 el 20% del consumo de electricidad provenga de la energía solar, eólica, biomasa…, y seguir luego una senda virtuosa como hemos comprometido con la comunidad internacional.

Este año que finaliza ha puesto un freno a las ambiciones de política energética planteadas originalmente, pero tenues señales indican que podemos estar frente a un punto de inflexión que modifique de una vez y para siempre el paradigma energético argentino. Recuperar el autoabastecimiento e impulsar los consumos descarbonizados son objetivos que benefician del consenso de nuestra sociedad, los dirigentes políticos tienen que demostrar que están a la altura de los tiempos.

(*) Vicepresidente 2° Instituto Argentino de la Energia General Mosconi

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