De la escasez a la abundancia

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El balance es positivo en materia gasífera, pero sin que se produjera una reducción sustancial del precio al mercado interno. Esto no quita que, una vez más, pasamos del autoabastecimiento a la importación, de la escasez a la abundancia. Una característica común a toda la activa vida argenta que pasa del balance negativo al positivo y de la alegría a la tristeza, todo sin solución de continuidad


En 2018, Argentina pasó de tener escasez de gas —que era caro e importado— a volver la abundancia. Eso no significó, sin embargo, una reducción del precio al mercado interno, aunque, ciertamente, no se aplicaron los aumentos previstos.

Desde abril de este año, el promedio del gas que abonaban comercios y hogares era de US$ 4,68 por millón de BTU, y se tenía previsto que a partir de octubre su precio ascendiese a US$ 5,28. Sin embargo tras la salida del ministro Juan José Aranguren y la llegada de su reemplazante, Javier Iguacel, el gas bajó a US$ 4 por millón de BTU.

En materia gasífera, 2018 fue el del despegue de Vaca Muerta. Mientras que en 2017, la producción se había mantenido estancada, en 2018, se vieron los resultados de los US$ 7,50 por millón de BTU, estipulados, la extracción avanzó a un ritmo de 7% interanual. De 124 a 132 millones de metros cúbicos por día (MMm3/d) octubre 2017 vs. octubre 2018. Hoy parece una quimera que en Argentina sobre el gas.

En realidad —al menos hasta 2021— tal cual contó en reuniones reservadas Iguacel, Argentina tendrá que seguir importando gas durante los tres meses del invierno. En el resto del año exportará a Chile y una pequeña cantidad (2,5 MMm3/d) al mundo, como Gas Natural Licuado a través de YPF con la barcaza licuefaccionadora que le alquilara a la belga Exmar.

A nivel macroeconómico, esto significa una gran noticia. Los hogares y las industrias argentinas podrán tener gas más barato y la balanza comercial energética podría mejorar gracias a las divisas por exportaciones. Se calcula que ingresarían unos US$ 38 millones por mes por esas ventas. No obstante, no todas son buenas noticias. La producción avanzó casi exclusivamente por el campo Fortín de Piedra, de Tecpetrol, y las operaciones de la Compañía General de Combustibles en la Cuenca Austral. El resto mantuvo su producción.

En 2019, el precio estímulo caerá a US$ 7 por millón de BTU y acotado a unos pocos yacimientos. El Estado desembolsará unos US$ 700 millones para seguir subsidiando a la oferta. Al margen, el Estado Nacional también compensará a las petroleras por la devaluación. Se estima que serían unos $ 21.000 millones, a pagar en 30 meses a partir de octubre de 2019. Es decir, cuando esté cerca de asumir el próximo Gobierno.

El Gobierno heredó del kirchnerismo un gas que estaba en promedio a US$ 1,29 por millón de BTU, con un subsidio del 73% que cubría la diferencia hasta US$ 4,70, el valor “real”, según las planillas oficiales.
La proyección inicial de las autoridades era que el gas se terminara pagando US$ 6,80 por millón de BTU desde octubre de 2019 (tres años más tarde en la Patagonia, la Puna y la ciudad mendocina de Malargüe). Sin embargo, ya está alrededor de US$ 4, y si las reglas del mercado funcionan como la teoría, a fin de año el gas debería ser más barato aún, dado su abundancia.

La producción que proyectó el Secretario de Planeamiento Energético, Daniel Dreizzen, para 2023, es de 260 MMm3/d. O sea, el doble que la actual, para exportar lo mismo que se produce ahora.

Argentina abastece más de la mitad de su matriz energética con gas, que puede ser interno, o venir de Bolivia, Chile o el barco regasificador instalado en el puerto de Escobar. En octubre, el presidente Mauricio Macri despidió al buque regasificador de Bahía Blanca.

Pese a lo festejado de la decisión, la seguridad energética aumenta un poco el riesgo. Con un oferente menos, un invierno más duro que lo previsible elevaría sustancialmente el pico de consumo entre junio, julio y agosto y dejaría abierta la puerta a extendidos cortes en el suministro de gas natural a la industria y al Gas Natural Comprimido (GNC). Es que durante esos tres meses, el GNL solo podrá entrar por Escobar o por Chile.

En caso de faltantes, se deberá importar gasoil o fuel oil para el funcionamiento de las centrales termoeléctricas (y no poner en riesgo el abastecimiento eléctrico), combustibles que son al menos 70% más caros que el GNL (US$ 17 por millón de BTU contra US$ 10). El contrato con Bolivia dura hasta 2026. El país conducido por Evo Morales tiene prioridad de abastecimiento con Brasil, pero la menor demanda de ese país ayuda a contrarrestar la declinación productiva de los campos bolivianos. Para los próximos meses se vendrá una dura negociación, en la que Bolivia no quiere ceder: comprar menos volumen y pagar un mejor precio.
2019 puede ser el año del despegue definitivo en la producción de gas, y empezar a volver a los niveles previos a 2004.

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