Opinión

El más votado de las PASO ¿será el próximo presidente?

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A pesar de que aún no se celebraron las elecciones Primarias Abiertas y Obligatorias (PASO) según todas las encuestas, Sergio Massa, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, son los tres los candidatos con mayores posibilidades de acceder al sillón de Rivadavia el próximo 10 de diciembre. La puja electoral se dará en un escenario inusual: un apretado cronograma de vencimientos de la deuda externa, con escasez de divisas, un cepo que perdura desde septiembre de 2019, altísima inflación y un muy bajo nivel de salarios. Desde el punto de vista político, destaca un hecho inusual: el candidato del oficialismo es el actual ministro de economía, asunto que no tiene antecedentes en la vida democrática argentina

Las candidaturas para las elecciones presidenciales de octubre, ya están sobre la mesa, aunque aún falta dirimir en las internas quién será la cabeza de la coalición opositora Juntos por el Cambio, si la ex ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa y de Seguridad de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, en representación del macrismo o el actual Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta en representación del ala radical.

El frente Unión por la Patria, ex Frente de Todos, designó a un candidato de unidad que se imponía por el propio nombre de la coalición. La ultra pragmática Cristina Fernández de Kirchner, mediante una hábil verónica descolocó, tanto a la militancia propia como a la oposición, conjurando la intención de Alberto Fernández de imponer un candidato propio en las elecciones primarias, al ungir al actual ministro de Economía Sergio Massa como candidato de la coalición junto con el actual Jefe de Gabinete, Agustín Rossi como vice de la fórmula oficialista, un hecho sin antecedentes en la política local.

El dato descollante es que ni Massa ni Agustín Rossi pertenecen al riñón cristinista, lo que irritó sobremanera a la militancia más activa del kirchnerismo.  Este hecho obligó a Cristina Fernández a “bajar línea” a la militancia que más se moviliza.

Quedan a la izquierda más extrema de Unión Por la Patria Juan Grabois, habilitado a recolectar los votos de la izquierda del peronismo.

Por su parte el excéntrico Javier Milei, va por los votos de la derecha rebelde, que no logró una alianza con el ala más dura de la coalición amarilla.  No trascendieron los motivos de la imposibilidad del acuerdo, pero los rumores que circulan son alucinantes y los mencionamos más adelante.

Los sindicatos, con el perfil bajo que los caracteriza en estos casos, dieron el visto bueno y apoyaron al candidato del peronismo, al igual que los gobernadores, sobre todo quienes tienen trato diario y directo con el ministro Massa.

Promesas

Con excepción del actual ministro de Economía, los candidatos expusieron someramente sus promesas de campaña.

Patricia Bullrich, sin sorpresas desempolvó la recetas propuestas en su oportunidad por Mauricio Macri: “Demoler” el régimen económico de los últimos 20 años con “quita de retenciones al campo”.

“Si no dinamitamos el régimen de intereses en cuatro años estaremos repitiendo lo mismo” sostiene en cada oportunidad y prometió también salir del cepo cambiario “desde el día cero” una “descontaminación legal y normativa” y la revisión de  3.600 leyes, cambios y reformas clave de seguridad y empleo.

A pesar de sus gaffes en las cifras educativas, Bullrich insiste con la mano dura: terminar con bloqueos y piquetes para hacer valer “el imperio de la ley” con “control de la situación política”. Entre los asesores de Patricia Bullrich en materia económica se encuentran el ex diputado Luciano Laspina, el ex presidente del Banco Nación, Carlos Melconián y el ex ministro de economía Ricardo López Murphy.

Por su parte, el más visible de los asesores de Horacio Rodríguez Larreta,también ex ministro de Economía Hernán Lacunza, con posiciones metodológicas casi contrapuestas en lo monetario, sostuvo que “Los primeros 6 meses del próximo gobierno serán desafiantes, que es igual a difícil, pero no hacerlo lo será más aún y la inflación del año que viene va a ser de 300%. La gente se queda afuera cuando las cuentas no cierran, la economía ajusta siempre y terminan pagando los pobres con más inflación. El próximo gobierno tiene que comunicar un programa que permita que en un año se pueda volver a confiar en Argentina”.

Lacunza dijo también que  “La dolarización es un atajo impracticable”, debido a que Argentina no dispone de un caudal importante de dólares y le sobran pesos. “Sin US$ 35.000 millones dolarizar es saltar a un precipicio”, expresó.

Pero sobre la reforma laboral, sí coincidió con Patricia Bullrich al considerar que “con estas reglas de juego no se puede generar empleo privado”.

“La economía no es sana con estos costos de entrada y salida. Los riesgos son desproporcionados con respecto a la inversión. De 10 personas que cruzamos en la calle 7 no saben que son los derechos laborales. La ley es obsoleta y hay que cambiar las reglas de juego. Los sindicatos lo saben porque pierden afiliados, tienen un universo cada vez más chico desde hace 15 años” señaló el potencial ministro de Economía en caso de que Rodríguez Larreta sea elegido presidente de los argentinos.

El cuarto candidato es Javier Milei, que capta la atención de la juventud rebelde y antisistema con promesas de campaña propias de un personaje de Ray Bradbury.

A propósito del despeinado candidato, en las más altas esferas circula un rumor que estremece: Javier Milei sería una pieza más en el ajedrez de la mayor estratega de la política argentina.

El ascendente candidato –se habla de un 20% del electorado a nivel nacional-- estaría siendo financiado desde hace años por un rico empresario allegado a la vicepresidenta, y cuya fortuna se originó en la industria textil, todo con el único objetivo de mermar a la masa de votantes de Juntos por el Cambio, capturando la voluntad electoral de los más armígeros. Por eso es que el radio de acción Milei  estaría limitado por una serie de contratos y carpetas que de hacerse públicos fulminarían su figura.

Esto podría explicar los errores no forzados de su estrategia, que dejaron al desnudo la idea de una enorme incapacidad para construir poder a nivel nacional.  

“Pensábamos que podría `morder` a la derecha entre un 4 y un 8%, nunca nos imaginamos que llegaría al 20%” confió una fuente muy cercana al núcleo duro del Frente de Todos.

¿Quién es Massa?

De ahora en más resultará difícil separar al ministro de Economía y al precandidato a presidente. Nacido en 1972 en el distrito industrial de San Martín, hijo de un pequeño empresario de la construcción e inmigrante italiano, cursó estudios primarios y secundarios en el Instituto Agustiniano, de orientación católica. En el secundario comenzó a militar en la Unión del Centro Democrático, partido de corte liberal en lo económico y conservador en lo social, fundado por Álvaro Alsogaray en la década de 1980.

En 2001 contrajo matrimonio con Malena Galmarini, --actual directora de la empresa estatizada Aguas y Servicios S.A.-- a quien conoció a instancias de sus suegros, Fernando “Pato” Galmarini y Marcela Durrieu (ambos dirigentes peronistas). Se mudó al partido de Tigre y se convirtió en simpatizante y dirigente del Club Atlético Tigre. La pareja actual de su suegro, es la ex vedette Moria Casán, a quien Massa llama cariñosamente “Mami Mo”.

Siendo intendente, y en plena campaña para las elecciones legislativas de Argentina de 2013, regresó a la universidad y cursó lo poco que le quedaba para recibirse de abogado, logrando asumir su banca en la Cámara de Diputados con ese título.

Massa se integró al peronismo por fuera de las estructuras partidarias a través de su partido Frente Renovador. Como intendente de Tigre, su buena gestión lo catapultó a la Jefatura de Gabinete durante el gobierno de Cristina. Casualidad o no, su antecesor en el cargo fue Alberto Fernández, dato que impresiona a los más esotéricos.

A pesar de provenir de las filas del liberalismo conservador, Sergio Massa ha tejido una estrecha relación con Máximo Kirchner, hijo de Cristina y Néstor Kirchner, uno de los principales gestores de la política interna del Frente de Todos.

La nominación de Massa trajo malas noticias a la oposición: los mercados y el gran empresariado le dieron el placet al ministro. Esto forzará a Bullrich y a Rodríguez Larreta a esmerarse en el discurso para atraer al electorado. Entre ambos tienen asegurados a los votantes antiperonistas, donde se subsume el kirchnerismo. No obstante el discurso de mano dura de “Pato” Bullrich, que condensa al elector del campo, sus antecedentes como ministra de De la Rúa y de Macri, constituyen una limitante para cierto electorado oscilante. Por su parte, Rodríguez Larreta puede mostrar una buena pero cara gestión en la Ciudad Autónoma y aunque cosecha las simpatías de cierto sector de la industria, en el interior lo perciben como un porteño unitario.

Según fuentes cercanas al ministro, Massa negocia  con los formadores de precios un congelamiento voluntario por dos o tres meses, algo que preocupa a la oposición, porque una tendencia a la baja de la inflación podría ser determinante en la opinión de los votantes.

Los resultados de las elecciones desdobladas en las diferentes provincias vienen mostrando una tendencia desfavorable para el electorado de Juntos por el Cambio que ha decidido no cambiar la denominación. Como en Ayouma, la sorpresa de Córdoba –epítome del antikirchnerismo— puso en alerta roja a los amarillos, lo que dejó a sus dirigentes en silencio por varios días y a recalcular un nuevo discurso.

El peso de la deuda

A pesar de la alta inflación, la gestión como ministro de Economía, posicionó a Massa como candidato a la presidencia. El ministro tiene buenos contactos con el establishment local, pero también con el norteamericano. Claro que son los mismos contactos que le quitaron la silla a Guzmán a la hora de renegociar con el FMI una deuda de cuarenta y cinco mil millones de dólares de muy corto plazo de vencimientos, contraída por Mauricio Macri, a instancias del ex presidente Donald Trump.

El objetivo del veloz endeudamiento fue lograr la reelección, tal como lo reconoció públicamente Mauricio Claver-Carone, asesor senior de Asuntos Internacionales en el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y director ejecutivo del FMI, representando a los Estados Unidos en el Directorio Ejecutivo.

El problema con el FMI no es el peso de la deuda (73%) sino los plazos de vencimiento extremadamente cortos y la imposibilidad de un default con el organismo. El otro problema son las imposiciones del FMI en materia de política interna, en particular la referida a inversiones en infraestructura, gasto social y subsidios, que condicionan los manejos políticos del gobierno de turno. Una renegociación de la duda con el Organismo será uno de los temas centrales de la gestión del próximo gobierno, independientemente de su signo.

El pulso del mercado

Los números de la economía Argentina, con excepción de la inflación --que alcanzó un acumulado del 114,2% y el bajo nivel de salarios comparados en dólares-- son positivos: aumento de la demanda de todos los productos y servicios, aumento de las ventas de vehículos, pasajes, transporte de cargas, combustibles, textiles, alimentos y turismo interno entre otros.

Según el último reporte de la Secretaría de Energía, la demanda de combustibles al público alcanzó en 2022 un nuevo récord, con más de 18.151.002 metros cúbicos, ubicándose como el volumen comercializado más alto de los últimos 12 años.

Durante 2022, las ventas de combustibles fueron las más altas de los últimos 12 años, con un crecimiento del 14,32% respecto del 2021 y 41,60% con respecto a 2020.

Según la Secretaría de Energía,  las ventas de nafta Premium crecieron un 19,62%, seguido por el diésel Grado 3 (19,50%), la nafta súper (13,82%) y el gasoil Grado 2 (9,9%).

Durante 2022, YPF cosechó el 52,18% del market share, mientras que Shell participó con el 23,42%; AXION Energy con el 13,14% y Trafigura (Puma) se quedó con el 6,14%.

Según el INDEC, de todos los sectores de la economía, los servicios de agua, energía y combustibles, junto con alquileres, picaron en punta en mayo marcando un 11,9%.

El país exportó durante el 2022 casi US$ 3.900 millones en petróleo crudo, según el último informe de intercambio comercial del INDEC. Esto representa un aumento de las ventas externas de este producto del 109% respecto al 2021.

Además debe señalarse la reactivación del Oleoducto Transandino a Chile, la construcción del primer tramo del nuevo gasoducto que reducirá sustancialmente las importaciones de GNL y la inauguración del segundo tramo, todo esto está ocurriendo durante la gestión de Sergio Massa. Esta obra no la pudo concretar Macri a pesar de que todos los insumos (caños maquinaria, ingeniería) son de origen argentino.

Dicho sea de paso, hay malestar en algunos refinadores no integrados que ante un aumento de la demanda del mercado interno ven limitadas sus compras porque los productores piensan en la exportación y sólo estarían entregando lo pactado en los contratos. Ya elevaron su queja a la SE, que se limitó a responder que se trata de “un asunto entre privados”.

Seguramente en campaña se verá al ministro-candidato colocando el primer tramo de la extension del gasoducto Presidente Néstor Kirchner que irá desde Salliqueló hasta San Jerónimo, lo que permitiría aumentar la oferta de gas natural reduciendo prácticamente a cero las importaciones de GNL. Los subsidios no serán ajenos a la discusión. En este punto todos coinciden que se debe eliminar ese lastre del tesoro.

Frente externo

Visto desde el sector energético estos hechos explican, en parte, que a pesar de la alta inflación, Massa es un candidato con  probabilidades de ganar. La inflación se duplicó durante el gobierno de Alberto Fernández y ya se había duplicado durante el gobierno de Mauricio Macri, quien sostuvo que era muy fácil resolverla, por lo que seguramente el eje de campaña se basará en la continuidad de las actuales políticas económicas: el freno a la inflación es de interés de la mayoría de los argentinos.

Como funcionario, Massa despliega una muy intensa actividad, toma decisiones y a pesar de sus contactos con EEUU, la relación no parece estar funcionando del todo bien, ya que hay roces permanentes con el Departamento de Estado; no sólo por la deuda, también por la aceitada relación que tiene con China y los Brics.

El discurso de atraer capitales estará a la orden del día, a pesar que desde el exterior, sólo China ha ofrecido fondos concretos para obras de infraestructura con repago de largo plazo. La necesidad tiene cara de hereje: la vieja política de la zanahoria o el palo estaría llegando a su fin, China tiene todas las zanahorias mientras que la Unión sólo estaría ofreciendo el palo.

A pesar de los bajos salarios de la Argentina en comparación con los de la región, el famoso “costo laboral” argentino que el empresariado recalca permanentemente, los grandes anuncios de inversión no han sido más que humo, como por ejemplo el proyecto de la australiana Fortescue.

La firma había anunciado en 2019 una inversión de US$ 8.000 millones y que en un año estaría funcionando el primer parque eólico destinado a la producción de hidrógeno para exportación. Nada de eso ha ocurrido, no obstante la compañía viene adquiriendo derechos de uso del espacio aéreo en la Patagonia de muy grandes extensiones.

El plan a seguir

Como vemos, la puja electoral se dará en un escenario inusual: un apretado cronograma de vencimientos de la deuda externa, números de la economía en alza, altísima inflación, nivel de salarios bajo y un ministro de economía como candidato al sillón de Rivadavia.

Como contrapartida, hay otras expectativas: se espera una marcada reducción de las importaciones energéticas y también lluvias reparadoras que permitan un aumento sustancial de la producción agrícola. Ambos factores podrían mejorar sustancialmente la caja del Tesoro.

La oposición aún no ha hecho promesas formales de campaña, más allá de las consabidas recetas de ajuste, austeridad y reducción de la emisión monetaria.

Ese fantasma inextinguible

Como señaláramos, el próximo presidente, sea cual fuere, estará condicionado/a por el enorme peso de la deuda externa. El recorrido político será muy intenso: desde adentro se presiona para una renegociación de la deuda --todos los  precandidatos coinciden en la cuestión— lo que implica que el país deberá adoptar una postura fuerte en el plano de las relaciones internacionales.

La inflación será, sin dudas, el principal objetivo a demoler. Por tratarse de un fenómeno multicausal, varios factores convergen en la olla donde se cocina la histórica inflación la que en el imaginario popular se atribuye a la emisión monetaria. A esta altura –y al igual que el dólar o el euro- queda claro que confluyen otros ingredientes, como la escasez de divisas, el déficit fiscal y la puja distributiva.

Este último punto es de la máxima sensibilidad peronista. El bajo nivel salarial genera una potente puja distributiva que tiene por un lado a los trabajadores altamente organizados y politizados y por el otro, a la reacción del empresariado que se manifiesta inveteradamente en el alza de precios y con mayor vigor en los sectores concentrados y no regulados.

A esto se suma la clásica bimonetariedad de la economía, que si bien requiere de dólares para la importación de insumos para la industria, paradójicamente también los demanda para transacciones que no tienen a la divisa  como insumo, como es el caso de la construcción.

En los últimos 60 años se probaron todas las fórmulas y combinaciones de gobiernos y métodos posibles y ninguna tuvo resultados duraderos. De hecho la convertibilidad logró contener la inflación sólo un tiempo y terminó cuando la olla explotó en 2001.

Este es parte del panorama en que se desarrollará la campaña hacia diciembre. Resta esperar las propuestas concretas y los debates de los candidatos que convenzan a las mayorías que en general tienen intereses contrapuestos.


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