Con la finalización del Nord Stream 2 se abre una nueva etapa en las relaciones entre Rusia y Europa

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La empresa rusa Gazprom anunció que quedó concluida la construcción del gasoducto Nord Stream 2, el 10 de septiembre pasado, que había comenzado en 2018. El proyecto permitirá duplicar la capacidad de transporte del gasoducto Nord Stream I desde Rusia hacia Alemania a través del mar Báltico.

El ducto tiene su punto de partida en la localidad de Ust-Luga, en la provincia rusa de Leningrado. Desde allí el gasoducto pasa por el lecho del mar Báltico, a través de las zonas económicas y aguas territoriales de Dinamarca, Finlandia y Suecia, y termina en la ciudad alemana de Greifswald. Gazprom detalló que las secciones danesa y alemana del Nord Stream 2 están en las pruebas finales y pronto estarán operativas. En comparación con otras rutas de suministro del gas natural ruso a Europa, el Nord Stream 2 es 2.000 kilómetros más corto.

Viabilidad política y económica

Con un costo que rondó los € 9.500 millones el gasoducto Nord Stream 2 está conformado por dos grandes líneas paralelas de tubos de acero sin costura de 48 pulgadas, con una longitud total de 1.234 kilómetros, que tiene como fin transportar hasta unos 150 MMm3/d, con una presión operativa máxima de 220 bar.

Como dato de referencia es preciso señalar que en la Argentina, la producción total asciende alrededor de 130 Mm3/d, mientras que en Rusia -primer productor de gas natural del mundo- produce unos 1.800 MMm3/d.

El proyecto fue realizado por la firma Nord Stream AG, fundada por la empresa Gazprom, y cuenta con inversiones de las compañías ENGIE, OMV, Shell, Uniper y Wintershall Dea. No está claro el dato de los contratos que viabilizaron el proyecto, pero el gasoducto está construido y listo para operar.

En su oportunidad allá por el 2006, Gazprom Export firmó un contrato con la empresa alemana de gas Wingas, una operación conjunta de Gazprom y Wintershall (filial de BASF), para suministrar 9 MMm3/d millones de m³ de gas natural al año durante 25 años. 

En junio de 2006 Gazprom y la danesa DONG Energy firmaron un contrato por 20 años para el suministro de 5,5 MMm3/d de gas ruso para Dinamarca, mientras que DONG Energy suministraría 2 MMm3/d de gas natural por año para la filial de Gazprom, Gazprom Marketing and Trading, en el Reino Unido. Desde Nord Stream 2 AG comunicaron que antes de fin de año se estarán transportando unos 15 MMm3/d.

Victoria geopolítica de Moscú

La importancia geopolítica de la integración energética es asunto de alto vuelo. No es casualidad que en 2006 y tras su salida de la cancillería alemana, Gerhard Schröder asumiera como asesor de la junta de accionistas de Nord Stream un proyecto que impulsó personalmente y que cristalizó gracias a su amistad con el presidente ruso, Vladímir Putin.

La realización del enorme gasoducto se vio obstaculizada por la oposición de varios países, principalmente Ucrania y Polonia y los EE.UU. de inmediato intentaron subrogarlos en la defensa de sus intereses. La potencia americana desde la caída del Muro de Berlín, intenta conjurar el hinterland ruso en la región.

Se supone que el gas ruso contribuirá a la reducción del uso de carbón en Alemania que a pesar de las promesas descarbionizadoras ocupa alrededor del 30% de su matriz. El verde es un lindo color pero la realpolitik tiene argumentos de más peso. Washington consideró que el gasoducto aumentaría la influencia rusa sobre Europa y afectaría de manera negativa tanto la seguridad energética del continente como el mercado del gas en Europa del Este.

En el Departamento de Estado de  los EE.UU. consideran que el gasoducto refuerza la influencia de Rusia y crearía riesgos para Europa al hacerla dependiente del gas ruso, en lugar  de depender del gas transportado por territorio ucraniano. Ucrania produce unos 60 MMm3/d y por su territorio atraviesan gasoductos de exportación provenientes de Rusia que fueron motivos de duras disputas entre la Federación Rusa y la antigua ex República Socialista Soviética de Ucrania.

Explicarle a los europeos que es mejor para sus intereses económicos y estratégicos es hilarante, sobre todo cuando los Estados Unidos pidieron abrir el mercado a su gas natural licuado, más caro para los europeos.

Mediante la consabida aplicación de sanciones comerciales a las empresas participantes del proyecto lograron atrasar la construcción a fines de 2019, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. sancionó a 13 barcos rusos y tres entidades, incluido un servicio de rescate marítimo, por su participación en la construcción del gasoducto.

Donald Trump había declarado que los críticos del proyecto afirman que el Nord Stream 2 hará a Europa dependiente del gas ruso y de esta manera le dará a Moscú un instrumento para el chantaje en el ámbito de la energía. A pesar del combate dialéctico, Alemania prefirió el riesgo de la dependencia rusa y procedió a la asociación de sus empresas, con Gazprom.

Mientras tanto, Rusia declaró en repetidas ocasiones que se trata de un proyecto exclusivamente comercial y “mutuamente beneficioso”. En el mismo sentido se expresó el portavoz del presidente de Rusia, Dmitri Peskov, quien hizo hincapié en que el proyecto “no puede suponer ninguna amenaza para nadie”.

Serguéi Makogón, jefe de la compañía Operator GTS Ukrainy (Operador del sistema de transporte de gas de Ucrania), estimó en mayo de este año, que a su país —cuyo presupuesto para el 2021 es de € 37.000 millones— la puesta en funcionamiento del Nord Stream 2 le costará entre €  4.000 ó 5.000 millones anuales en tarifas de transporte de gas.

Para calmar las aguas, el presidente ruso, Vladímir Putin, y la canciller alemana, Angela Merkel, aseveraron que Moscú seguirá transportando gas a través del territorio ucraniano incluso tras la expiración del acuerdo.

Ucrania atraviesa una gran crisis política interna entre buena parte de la dirigencia económica que prefiere mantenerse en la órbita del rublo y la otra que prefiere ingresar en el área del euro.  En estas pujas hizo pie EE.UU. pero finalmente y al igual que en Afganistán, Biden decidió enarbolar la bandera del fracaso, retirando su oposición al gasoducto al admitir que ya no lo podría frenar y tampoco puede arriesgarse a una ruptura con Alemania.

Gas más barato y limpio

A principios de junio, el presidente ruso, Vladímir Putin, indicó que el gasoducto permitirá a los consumidores de Alemania recibir un gas más barato que el que pueden recibir a través de los gasoductos que pasan por otros países.

Asimismo, el jefe de Gazprom, Alexéi Míller, declaró en julio que entre los objetivos de la construcción del gasoducto se encuentra una disminución en el costo del gas para los consumidores finales debido a una ruta de transporte más corta”.

El costo y daño ambiental se reducen gracias a las nuevas y modernas tuberías y una menor cantidad de estaciones de compresión.

Mientras tanto, varios expertos destacan que el sistema de tránsito de gas ucraniano ya es obsoleto y requiere inversiones para su reparación, lo que puede disuadir a los clientes europeos.

M.R.M.

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