Opinión

Ahora sí, va en serio

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Por Fernando Schaich *

Hace aproximadamente 12 años, yo me encontraba visitando la feria de Hannover en Alemania. Es una de las ferias industriales y de tecnología más grandes del mundo que se realiza a mediados de abril. Además de los habituales pabellones dedicados a la energía eólica, solar fotovoltaica, electromovilidad (que eran los que originalmente me organicé para visitar y pre agendar reuniones), algo me llamó a atención: un pabellón entero dedicado a algo llamado hidrógeno verde.

Si bien sabía de qué se trataba, nunca imaginé que habría tantas empresas y start ups dedicadas a ese tema (fabricantes de celdas de combustible, electrolizadores de varios tipos, vehículos, accesorios, empresas de servicios, etc.). La curiosidad me llevó preguntar todo lo que podía (hasta llevar incluso al límite a algunos de los expositores que claramente perdieron la calma ante tantas preguntas, lo siento: soy preguntón) y me traje muchas respuestas técnicas, pero nadie me pudo responder la siguiente pregunta: ¿a qué costo se puede llegar a producir un kg de H2 verde? 

Unos 4 años después, volví a la misma feria y con la curiosidad de un niño, busqué el pabellón de H2 verde (imaginando que al haber pasado tanto tiempo, ya quizás no sería un solo pabellón sino, más de uno) a pesar de que en las informaciones de la feria en internet (algunos días antes), no había podido encontrar mucho. Después de buscar en el folleto y en las pantallas guía, y al no poder encontrar muchos datos, tomé coraje y me acerqué a un mostrador de entrada (en dónde, no menos de 30 personas de infinitas nacionalidades, esperaban su turno), luego de algo así como 15 minutos, me llegó el momento de preguntar donde estaban los pabellones dedicados al H2 verde. La respuesta fue tan corta como inesperada: “no hay pabellón de H2 verde, hay algunos expositores en el pabellón de la energía eólica y algunos otros en el pabellón donde están los de almacenamiento de energía”. 

En un principio, esa respuesta y ese aparente fracaso del H2 verde, me llamó la atención. Me planteé internamente muchas razones por las que podría haber sucedido eso y seguí mi marcha hacía mis reuniones ya agendadas y demás visitas. 

Volví a la Hannover Messe en 2019 y la situación era muy parecida a la de 12 años atrás: un pabellón y medio solo dedicado al H2 verde. Este vaivén que en un principio me llamó la atención, tiene una principal causa y es por demás lógica: la energía eléctrica producida de fuentes renovables no convencionales (fundamentalmente solar y eólica) había pasado de costar más de 100 dólares por MWh (en algunos mercados, incluso más de 300 Dólares) a costar menos de 40 dólares por MWh e incluso en algunos mercados, llegó a valores menores a 20 dólares.

Desde esa visita, ya muchos actores (entre ellos nuestra Compañía) volvieron a la carga con este tema. Convencido de que los precios bajos de la energía generarían un boom del H2 verde, activamos nuevamente un pequeño equipo técnico especializado apostando a este nuevo escenario que parecía acelerarse.

Si bien han sucedido cosas, la pandemia generó algunas demoras y lo que parecía que iba a explotar, lo cierto es que aún no lo hizo.

¿Pero que está pasando hoy que no era tan así hace poco más de dos años?

Si vemos que las inversiones en energías renovables, electromovilidad e hidrógeno verde de las principales petroleras mundiales crecen casi exponencialmente y con objetivos muy agresivos al 2030 (es decir: pasado mañana), entonce podemos concluir algo: ahor si, va en serio. Si este perfil de empresa ya no solo está mirando el tema, sino que están destinando muchísimo dinero al desarrollo temprano, es porque algo está cambiando y mucho.

¿Cuales son las razones? Las petroleras están con viento a favor (por más que aún no lo aprovechan del todo instalando más aerogeneradores, chiste malo pero inevitable) y obteniendo ganancias extraordinarias que deciden reinvertir. ¿La guerra en Ucrania? ¿El miedo de algunos países de Europa de morirse de frío sin el gas ruso? ¿El perfil marcado hacia la sostenibilidad de los partidos verdes en países desarrollados (por ejemplo, en Alemania)? ¿La necesidad de compensar y revertir las emisiones de carbono del pasado y del presente? Las declaraciones de varios países que le pusieron respectivas fechas (variadas, pero fechas al fin) a la carbono-neutralidad? 

Quizás no es ninguna de ellas por si sola o quizás son todas juntas, pero algunas como consecuencia de las otras.

Lo cierto es que cuando las petroleras se meten, mi consejo es: “comprá!!”. Esto es un cambio radical en nuestras vidas que aún no estamos dimensionando.

En julio de 2020, la Oil and Gas Climate Initiative (OGCI), una alianza voluntaria dirigida por directores ejecutivos de algunas de las empresas de energía más grandes del mundo, anunció su objetivo de reducir, la intensidad de carbono promedio colectiva de las operaciones de petróleo y gas agregadas de las empresas que son miembro para el año 2025.

Dicha reducción debería llevar a entre 20 kg y 21 kg de dióxido de carbono equivalente por barril de petróleo equivalente (CO2e / boe). Vale recordar que la línea de base utilizada, hablando en conjunto, es de 23 kg CO2e / boe y es referenciada a 2017.

Los miembros de la iniciativa incluyen BP, Chevron, CNPC, Eni, Equinor, ExxonMobil, Occidental, Petrobras, Repsol, Saudi Aramco, Shell y Total. Imposible que este grupo pase desapercibido ya que, en total, estas empresas suman más del 30% de la producción mundial de petróleo y gas.

Las publicaciones sobre estos temas vienen aumentando en forma exponencial, por ejemplo, el World Energy Trade publico ya hace un par de años un ranking sobre los planes más ambiciosos de las petroleras para la reducción futura de la huella de carbono. Ese ranking muestra en los 6 primeros lugares (en orden de mayor a menor ambición de reducción) a: la italiana Eni, la noruega Equinar, Shell, Repsol, Total y BP. 

Lo primero que llama la atención de esta lista es que son todas empresas europeas, no aparecen las Exxon, Chevron ni mucho menos Aramco o Petrochina.

Sin embargo, cuando uno repasa los dólares que se llevan invertidos por las empresas petroleras en energías renovables aparecen Shell en primer lugar y luego BP y Chevron.

Algunos ejemplos imposibles de imaginar hace pocos años son por ejemplo que Shell Energy (la utility de energía eléctrica de Shell) provee a sus usuarios británicos, energía eléctrica 100% de origen renovable y ha comprado en el 2019 una empresa de carga de vehículos eléctricos entre otras inversiones, BP ha adquirido paquetes accionarios de varias empresa en el ramo de las energías renovables y en particular en el tema de H2 verde y por último Chevron ha comprado hace un par de años a la empresa de carga de vehículos eléctricos ChargePoint luego del lanzamiento de un fondo que arrancó con 100 millones de Dólares y cuya misión es respaldar nuevas soluciones de energías limpias.

Pero no es necesario irse muy lejos para ver buenos ejemplos de empresas petroleras girando hacia negocios verdes, ANCAP en Uruguay ha anunciado una licitación para el aprovechamiento del recurso eólico offshore (en diferentes zonas pre-definidas en donde ya se han realizado prospecciones petroleras en el pasado) para la producción de H2 verde y a través de su brazo del derecho privado (ALUR) está con serias intenciones de poder utilizar sus emisiones biogénicas de CO2 para poder combinarlo con H2 verde y así producir derivados verdes (como metanol, SAF, etc).

Este año 2022, post pandemia podríamos, comenzó con un sacudón grande. Me refiero obviamente al conflicto Rusia – Ucrania. Este conflicto, es obvio que no ha pasado desapercibido en muchísimos aspectos (ni que hablar en temas fundamentales y humanitarios). Pero hay uno de los aspectos que ha preocupado y sigue preocupando mucho a la Unión Europea: la energía. La crisis del gas proveniente de Rusia (que afecta a varios países de la UE pero especialmente a Alemania) ha generado todo tipo de reproches y respuestas entre las diferentes sectores políticos achacándose la falta de previsión y la alta dependencia de un solo energético y muy centrado en un solo proveedor.

Esto tiene consecuencias inmediatas y bien directas en las políticas de descarbonización y desfosilización de varios Estados Europeos (liderados por Alemania, Austria, Bélgica y Países Bajos) que han lanzado iniciativas bastante agresivas para acelerar la segunda transición energética y en las que la diversificación de fuentes y de productos son pilares fundamentales. 

Pero no solamente Europa ha tomado la iniciativa, sino que Estados Unidos ha aprobado un subsidio de 3 USD/kg de H2 verde lo cual tendrá como consecuencia precios increíblemente bajos y en algún caso (en lugares con especial recurso eólico y/o solar) hasta podría llegar a cero o negativo. Esta disputa de los dos grandes bloques occidentales no hace más que confirmar que ahora ya no nos enfrentamos a una moda, sino a algo que vino para quedarse.

Si bien en el caso de USA, es para producción local, (no así las iniciativas europeas), de todas maneras, esto es una excelente noticia para nuestra región, habrá lugar para todos. Solo es cuestión de desarrollar buenos proyectos que cumplan con los requerimientos para poder acceder a estos mercados.

Ya varios países definieron su hoja de ruta, también ajustaron los esquemas regulatorios a favor de este nuevo escenario, pero aún quedan muchísimos temas por definir y sortear. Uno de ellos es la información adecuada a la población que está escuchando sobre esta temática por todos los medios, pero aún sin gran profundidad en el abordaje. Eso genera miedo a lo desconocido y eso puede llevar a politizar (o, mejor dicho, partidizar) el tema lo cual sería un error gigante. Estos temas deben ser tratados como políticas de Estado si se pretende que sean de largo plazo y que realmente generen el cambio hacia una economía mucho más sustentable y sobre todo bajar radicalmente el uso de los combustibles fósiles en la matriz productiva.

Si bien el tema H2 verde aún falta para verlo “en la calle”, lo que si vemos cada día más y de manera exponencial (casi diría que es una reproducción del tipo viral) es la circulación de vehículos eléctricos. Dentro de muy poco, y sin darnos cuenta, yo no veremos a los autos eléctricos como símbolo de modernidad sino que los veremos con ojos de “como no lo hicimos antes”. En una palabra: la transformación energética silenciosa (valga el adjetivo aplicado a los vehículos eléctricos) ya está sucediendo y tendrá varios capítulos. 

Hagamos que suceda y esperemos que nuestros países sepan aprovecharla.

* Fundador Seg Ingeniería, Vicepresidente AHK Uruguay

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