
Con ventaja en el terreno militar, Irán no percibe incentivos para ceder ante lo que considera exigencias desmedidas de Washington. En este contexto, el presidente estadounidense Donald Trump volvió a endurecer su retórica tras el fracaso de las negociaciones bilaterales desarrolladas en Islamabad.
Las conversaciones, mediadas por Pakistán, reunieron a altos funcionarios de ambos países luego de un frágil alto el fuego de dos semanas que sucedió a un conflicto de 40 días entre Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciado el 28 de febrero. Pese a la jerarquía de las delegaciones —encabezadas por el vicepresidente JD Vance del lado estadounidense y por el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf—, las negociaciones concluyeron sin avances y con acusaciones cruzadas.
En el centro del desacuerdo permanece el programa nuclear iraní. Washington exige garantías explícitas de que Irán no desarrollará armas nucleares, mientras que Teherán sostiene que su programa tiene fines exclusivamente pacíficos, amparados en el derecho internacional, y defiende el enriquecimiento de uranio como un derecho soberano innegociable.
Mesa inflexible
La desconfianza mutua sigue siendo un obstáculo estructural. Las autoridades iraníes señalan que la experiencia reciente —incluyendo los enfrentamientos armados con Estados Unidos e Israel— impide avanzar sin señales concretas de cambio por parte de Washington. A su vez, voceros iraníes reconocen ciertos acercamientos en temas secundarios, pero destacan que persisten diferencias sustanciales en cuestiones clave.
El trasfondo inmediato de esta ruptura diplomática es el conflicto bélico reciente. Durante los 40 días de enfrentamientos, Irán sufrió ataques sobre infraestructura crítica y zonas urbanas, pero logró sostener su capacidad de respuesta, alcanzando objetivos estadounidenses e israelíes en la región. Esta capacidad de disuasión quedó reforzada, especialmente a partir del control operativo sobre el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico del comercio energético global.
Desde la perspectiva iraní, el resultado del conflicto expone un error de cálculo estratégico de Washington y Tel Aviv, que no lograron debilitar significativamente sus capacidades ni forzar concesiones políticas. Este escenario se trasladó a la mesa de negociación, donde las posiciones se mantuvieron rígidas.
Tras el fracaso en Islamabad, Trump intensificó sus amenazas, incluyendo la posibilidad de interceptar buques en el estrecho de Ormuz. Esta postura introduce una fuerte contradicción: mientras exige la libre circulación marítima, plantea medidas que podrían implicar un bloqueo de facto.
Impacto en el mercado
Tras los anuncios, los precios del petróleo volvieron a superar los US$ 100 por barril, mientras Estados Unidos se prepara para bloquear el paso de los barcos que transitan por el estrecho de Ormuz con destino a Irán o procedentes de él, lo que agrava los temores de una crisis energética prolongada tras el fracaso de las conversaciones del fin de semana.
En las primeras operaciones europeas del lunes, el crudo Brent subió un 6,8%, hasta los US$ 101,7 por barril, mientras que el West Texas Intermediate aumentó un 7,2%, hasta los US$ 103,55 por barril. Los precios del gas natural también se dispararon: el contrato holandés TTF del mes más cercano —el referente europeo— subió un 9%, hasta los €47,58 por megavatio-hora.
Más allá del plano geopolítico inmediato, las consecuencias sobre el sistema energético global pueden ser profundas. La creciente incertidumbre podría impulsar a Europa a revisar su estrategia de abastecimiento, desplazándose desde el mercado spot —más flexible— hacia contratos de largo plazo para garantizar seguridad energética.
Este cambio implicaría una transformación estructural: el gas natural, que en los últimos años avanzó hacia una lógica de commoditización, podría volver a esquemas más rígidos y estratégicos, con relaciones más estables entre productores y consumidores.
En este contexto, Argentina y Vaca Muerta tienen una oportunidad significativa. A diferencia de otros proveedores, sus potenciales exportaciones de gas natural licuado y petróleo no dependen de rutas con estrechos, como Ormuz.

