INTERNACIONALES

La disputa por Ucrania: Entre la descarbonización europea y la expansión de la OTAN

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  • Por Mikhail Ustinov, especial para Energía&Negocios

La construcción de un segundo gasoducto entre Alemania y Rusia por el lecho del mar Báltico fue la chispa que encendió un nuevo y explosivo capítulo en el eterno conflicto entre EE.UU. y Rusia por el control de la influencia geopolítica en el teatro europeo.

La expansión de los gasoductos rusos hacia el oeste coincide con la expansión de la OTAN hacia el Este del continente, hechos que provocan tensiones permanentes y que tienen a Ucrania como principal escenario de un conflicto que aún transita por la vía diplomática. 

Los gasoductos Nordstrem que unen los campos gasíferos rusos con el mercado consumidor alemán, también lograron unir a demócratas y republicanos en los EE.UU. que acordaron sanciones contra las empresas que participaron en el proyecto. Y si bien el gasoducto está concluido y la cuestión se tornó abstracta, el conflicto sigue latente.

El segundo ducto Nordstrream II está esperando autorizaciones de carácter burocrático, muy oportunas por estas horas. Cuando el despacho esté a pleno, duplicará el transporte de gas entre los antiguos enemigos Rusia y Alemania: el volumen podría llegar a los 300 millones de m3 diarios, haciendo un bay pass al conflictivo territorio ucraniano. Rusia produce 1.800 millones de m3/d de gas natural, de los cuales exporta un tercio.

Washington teme, --aún más que los propios europeos--  que el gasoducto incremente la influencia de Rusia sobre los países de Europa, a la vez que cierre definitivamente el acceso del mercado europeo al GNL norteamericano. Antes el peligro era el comunismo, ahora el peligro se encarna en el suministro continuo y seguro de metano, a precios previsibles.

Por su parte el diferendo entre Rusia y Ucrania no es por monedas: Gazprom reclama a la ucraniana Naftogaz US$ 4.500 en gas no abonado. Ucrania toma porcentajes significativos del gas que atraviesa por su territorio, en parte por tarifa de peaje en parte por servidumbre de paso. El principal problema es que toma volúmenes que van destinados a clientes de Europa, práctica que lleva años y exaspera a Moscú.

Recientemente el Kremlin informó a Bruselas que interpuso una demanda en el tribunal de arbitraje internacional de Estocolmo para reclamarle a Kiev la deuda. 

Un conflicto, múltiples causas

A la Unión Europea le gusta presentarse como líder “verde” en la política ambiental, sin embargo, el viejo continente elude en su discuso, sistemáticamente, el uso intensivo del carbón, el que amaga abandonar desde hace 30 años.


Dos centrales electricas son alimentadas por el carbón marrón del Bosque de Hambach

La franja de lignito que se extiende desde el noroeste de Alemania hasta Europa del Este, es una de las principales fuentes de carbón de bajo poder calorífico y altamente contaminante, extraído de enormes minas a cielo abierto.

Un tercio de los hogares polacos se calefacciona con calderas de carbón y cerca del 30% de la electricidad de Europa proviene de usinas eléctricas alimentadas con el mismo mineral. El 37 % del carbón del mundo se produce en la verde Europa.

Presa de su propio discurso y agotadas las posibilidades de desarrollo de energías renovables en su territorio, la transición a la descarbonización, Europa encuentra un camino con dos claras bifurcaciones: la energía nuclear --limpia, potente y gestionable- o el gas ruso, mucho más limpio que el carbón, pero cuyo consumo trae aparejado problemas con el guardaespaldas de occidente: los EE.UU. La vía nuclear por ahora está ocluida aunque más temprano que tarde será, el camino a seguir, guste  o no a los ambientalistas.

El gas ruso resultó una enorme oportunidad para la seguridad energética de Europa, en particular la de Alemania, su principal consumidor e importante socio comercial. 

Rusia tiene todas las condiciones necesarias para contribuir a la seguridad energética europea: posee reservas inconmensurables, tecnología para la extracción, fabrica grandes tubos sin costura, enormes válvulas y potentísimos compresores.

No hace falta ser un halcón del Salón Oval para  percibir que el suministro bajo contratos de largo plazo con enormes volúmenes en juego, aumentan la influencia de Rusa sobre Europa. Rusia, sin perder su identidad, se siente pertenecer a Europa desde la época de Pedro el Grande, mucho antes de la existencia de los estados de la Unión.

La dependencia significa influencia y ésta sólo se consolida en el marco de una paz duradera, condición indispensable para el comercio perdurable.

Los europeos tienen clara la necesidad de diversificación de la oferta, tienen gran capacidad de almacenamiento (subterráneo) y regasificación de GNL a través de sus puertos. El Citigroup calcula que, con unas tasas históricas de utilización de esas instalaciones  en torno al 50% de su capacidad o menos, la región tiene en teoría margen suficiente para “pelear” el precio y si fuera necesario sustituir buena parte del gas ruso.

El aumento de la demanda de GNL encuentra como único factor limitante, la oferta mundial disponible de GNL. 

Los cortes a Europa

Las alarmas para Europa se encendieron definitivamente en el invierno de 2006 cuando Kiev ordenó el corte de suministro del gas ruso que transita por su territorio a través de los gasoductos rusos que atraviesan ucrania llevando el fluido a Europa. 

El corte por parte de Kiev se enmarca en los conflictos de larga data entre la rusa Gazprom y la ucraniana Naftogas por el precio del gas. El gas es ruso, pero debe abonar el peaje por territorio ucraniano y los ucranianos deben pagar por el gas, descontando transporte y servidumbre, aproximadamente un 15% del costo total. En el invierno de 2006, 13 países dejaron de recibir por completo el suministro de gas: Bosnia, Hungría, Bulgaria, Turquía, Macedonia, Grecia y Croacia. En otros países, como Rumanía, Alemania, Francia e Italia también se notaron los cortes.

El Nordstream

El corte de suministro fue el hecho que decisivamente influyó en la decisión de construir un gasoducto sin interferencias entre Rusia y Alemania. Para ello se conformó una empresa integrada por importantes empresas de ambas naciones, cuestión que enfureció a los aliados norteamericanos.

La importancia de la integración energética es asunto de alta geopolítica. Alemania no puede darse el lujo de vivir con inseguridad en al abastecimiento energético.

Finalmente, rusos y alemanes encararon el desarrollo de los los gasoductos Nordstream I y II  (ambos ya construidos) y recorren 1.224 km sobre el lecho del mar báltico, desde Vyborg, Rusia hasta Lubmin, cerca de Greifswald, Alemania. Los EE.UU. anunciaron sanciones contra empresas que trabajaron en el proyecto, pero nunca trascendieron sus nombres con claridad ni el alcance de las sanciones.

Funcionando a plena capacidad, los ductos gemelos trasportarán unos 300 millones de m3 diarios, agregando 150 millones a los 600 millones que ya exporta Rusia a Europa.

Los gasoductos fueron construidos y son operados por Nord Stream AG. La ruta Nord Stream cruza las Zonas Económicas Exclusivas de Rusia, Finlandia, Suecia, Dinamarca y Alemania, así como las aguas territoriales de Rusia, Dinamarca y Alemania. Conexión directa entre Rusia y la UE son la conexión más directa entre las vastas reservas de gas de Rusia y los mercados energéticos de la Unión Europea.

El acuerdo para desarrollar el proyecto de unos € 12.000 millones, fue celebrado entre el Canciller alemán Gerhard Schröeder  (octubre 1998 - noviembre de 2005) y Vladimir Putin. Lo llamativo es que casi  inmediatamente de su salida de la cancillería alemana, Gerhard Schröder asumió como presidente del comité de accionistas de Nordstream, un pase como ése por nuestro barrio sería, cuanto menos escandaloso.

Se destacan en el directorio del consorcio Nordstream Alexander Medvedev, vicepresidente ejecutivo de Gazprom, Mario Mehren presidente del directorio y CEO de Wintershall Dea AG, Leonhard Birnbaum, Presidente del directorio de de E.ON SE, Pierre Chareyre, Vicepresidente ejecutivo de ENGIE SA, entre otras figuras de peso.

En marzo de 2014, el gobierno del presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich fue arrojado del poder por la fuerza mediante un golpe de Estado apoyado por los Estados Unidos y reemplazado por un gobierno respaldado por los Estados Unidos. 

Durante el periodo posterior a la destitución de Yanukóvich se produjo una inquietante presencia en Burisma, grupo propietario de la mayor empresa gasífera ucraniana: se integró a la junta directiva Hunter Biden, hijo del presidente estadounidense Joe Biden, mientras su padre era vicepresidente de Barack Obama, algo que expertos en política ucraniana –y norteamericana, como el mismísimo Donald Trump– cuestionaron y señalaron como un grave conflicto de intereses.

La estrategia de supervivencia

Tras el colapso de la Unión Soviética, una población ajena a los secretos del capitalismo especulativo vio cómo de la noche a la mañana los potentes sectores de la economía, rusa, incluyendo el energético, pasaban a manos privadas. Se levantaron gigantescas fortunas de un día para otro.

El 28 de julio del año 2000, el recién electo presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, convocó a los veintiún empresarios más poderosos del país a una reunión en el Kremlin. A pesar del inmenso poder y fortuna de aquellos hombres, ninguno fue capaz de lograr información previa del evento. ¿Qué quería el nuevo presidente? ¿Qué era tan importante para reunir a las principales fortunas de Rusia?

La respuesta no pudo ser más clara y directa: Rusia debía volver a ser una superpotencia y los nuevos dueños de Rusia debían colaborar en la tarea. Los denominados “oligarcas”, si querían mantener intactas sus enormes fortunas, deberían, a partir de ahora, apoyar al presidente en la nueva tarea. Aquellos que se negaran tendrían problemas con el nuevo gobierno.

“Las compañías deben poner los intereses nacionales sobre la maximización del beneficio privado” les dijo el presidente Vladimir Putin.

No todos tomaron el mensaje con la misma seriedad y Putin se los hizo saber. Aquellos que creyeron en la nueva era neoliberal y que el poder del Estado –y de la KGB– era cosa del pasado, hicieron caso omiso a las recomendaciones del presidente.

La mayoría de los presentes en esa reunión, todos enriquecidos al calor de las políticas de Yeltsin, como Mijail Jodorkovsky, Vladimir Gusinsky, Alexander Smolensky o Vladimir Vinogradov, acabaron en la quiebra, exiliados o muertos, durante el primer gobierno de Vladimir Putin, Berezovsky –dueño de medios, empresas petroleras y de automotoras  que apoyó a Yeltsin– apareció muerto en su apartamento de Londres en 2013.

Muy pocos de los magnates de Yeltsin sobrevivieron a la era Putin, pero los que lo hicieron, como el potentado del níquel Vladimir Potanin, Mijaíl Fridman o Piotr Aven, dueños, estos dos últimos, de Alfa Bank y la petrolera TNK, ya eran para mediados de esta década, algunos de los hombres más ricos de Rusia. 

Esta “segunda generación” no tendría restricciones para su enriquecimiento, lo que sus actividades no podrían, bajo ninguna circunstancia, afectar los intereses de la Madre Rusia. La consolidación del poder de Putin, en lo que va del siglo XXI, se basa, en buena medida, en la articulación de una nueva clase empresarial que no es leal a él por sus encantos, sino porque conocen las ventajas de una alianza entre la burguesía y el estado y por supuesto, el precio de la traición.

Putin como ex director de la inteligencia soviética tenia una clara visión de las amenazas externas que acechaban a Rusia a principios del 2000. Su tesis doctoral “De cómo los recursos naturales podrían convertir a Rusia en una nueva potencia” señala la ruta de la política interna y externa de Rusia, utilizando la principal ventaja económica de la de la ex República Soviética: el gas. Putin reordenó la economía y las empresas rusas y mantuvo la inflación en índices razonablemente bajos. 

Se inició el desarrollo de una estrategia basada en las necesidades energéticas de los vecinos del extensísimo territorio ruso bajo un plan económico y empresarial utilizando como punta de lanza a los gigantes corporativos.

“Ni un centímetro”

A medida que aumentaban las exportaciones de gas ruso a Europa, los EE.UU. intensificaban su presión sobre Rusia. Exhibiendo su gorda billetera, los EE.UU., en 8 oleadas distribuidas a través de los últimos años, fue incorporando a la OTAN a muchos de los ex países del pacto de Varsovia.

Moscú considera que, la participación de los Estados Unidos en Ucrania y la continua expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el Este, forman parte de una estrategia bien orquestada para cercar a Rusia.

Si bien ninguno de los países de Europa están dispuestos a encarar conflictos militares con Rusia, tener un pie en cada cancha les otorga una trabajosa seguridad.

Entre 2004 y 2009 se incorporaron a la OTAN: Hungría, Polonia, República Checa, Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Croacia y Albania. Incluso se llegó conformar un espacio de discusión que incluyó a la propia Rusia, para desagrado de los EE.UU. y China.

La estrategia de cerco es, de hecho, tan antigua como la propia OTAN, y esta es la razón por la que el presidente ruso Vladimir Putin publicó recientemente una lista de exigencias a los EE.UU. y a la OTAN en relación con sus acciones en Ucrania e incluso en algunas partes del antiguo espacio soviético.

En una reciente conferencia de prensa de Vladimir Putin en Moscú, la periodista de Sky News Diana Magnay preguntó al presidente ruso ¿Qué es lo que cree que occidente no está entendiendo sobre Rusia o sobre sus intenciones?

Putín comenzó la respuesta con total calma, pero sus palabras demostraron cierta irritación. “Nuestras acciones no dependerán del curso de las negociaciones sino de la garantía incondicional de la seguridad de Rusia hoy y por la perspectiva histórica” y agregó: “Hemos dejado en claro que es inaceptable un mayor desplazamiento de la OTAN hacia el este”. ¿Qué es lo que hay que entender aquí? ¿Estamos poniendo misiles junto a la frontera de EE.UU.? Es EE.UU. el que ha venido a nuestra casa, está en nuestra puerta” y continuó: ¿Es una exigencia excesiva no poner más sistemas de ataque cerca de nuestra casa? ¿Qué tiene eso de inusual? Como se sentirían los estadounidenses si pusiéramos nuestros misiles entre la frontea de Canadá y EE.UU o en la Frontera de México con EE.UU.?

Respecto del litigio con Ucrania por los territorios de Crimea afirmó: ¿Acaso México y EE.UU. no tuvieron problemas territoriales? ¿A quién pertenecían California? ¿Y Texas? Lo han Olvidado, todo se olvidó… nadie lo recuerda como se recuerda hoy a Crimea. También intentamos no recordar cómo se formó Ucrania.. ¿quién la creó? Vladímir Lenin cuando creó la Unión Soviética el tratado de creación es de 1922 y la constitución de 1924. Nos dijeron en los años 90 “ni un centímetro al este” ¿Acaso nos engañaron?

Ucrania

En la actualidad, de los 48 millones de habitantes de Ucrania, casi un 40% se considera de etnia rusa y más de la mitad declara que el ruso es su lengua materna, en una población donde la mezcla interétnica es enorme. Las exportaciones agrícolas conforman el principal rubro exportador de Ucrania. Además, otros factores obligarán necesariamente a cualquier presidente ucraniano a mantener buenas relaciones con el país vecino: en primer lugar, la casi absoluta dependencia de la economía del petróleo y el gas rusos. La producción propia es insuficiente para lograr el autoabastecimiento.

La capital de Ucrania, Kiev, es la más antigua de las ciudades eslavas y pese a su antiguo esplendor, la Rus de Kiev cayó en el 1240 por la invasión del Imperio mongol y dio lugar a los principados de Nóvgorod, Moscú y Galicia-Volinia. Éstos se convertirían en las actuales Bielorrusia, Rusia y Ucrania y su legado e importancia siguen vigentes. En la actual crisis política entre Rusia y Ucrania, ambas se disputan la Rus porque lo consideran el Estado fundacional de sus naciones. De hecho, ese territorio otorga a Rusia su toponimia y su gentilicio.

Para Moscú, Rusia es la heredera de la Rus porque el principado de Moscú, del que nace el Estado ruso, fue el único que frenó la invasión mongola y logró expandirse. Vladímir Putin defiende esta visión para afirmar que las naciones rusa y ucraniana son una sola, es decir, el conflicto entre Rusia y Ucrania tiene raíces mucho más profundas que las diferencias por el peaje que cobra Ucrania por el abastecimiento de gas a Europa.

Militarmente Ucrania no representa una amenaza para Rusia ni por armamento convencional ni nuclear. Tras el acuerdo de desnuclearización firmado por el ex presidente Bill Clinton, Boris Yeltsin y Leonid Kravchuk en 1994, devolvió a Moscú las  1.500 cabezas nucleares que poseía Ucrania. De esta manera, tal como quería Washington, Rusia es la única ex república soviética que conserva el arsenal atómico heredado de la antigua potencia comunista. 

Otras fronteras

Rusia exporta unos 600 millones de metros cúbicos diarios de gas natural a diversos destinos y por diferentes gasoductos.  

China recibe unos 40 millones de m3 diarios por el gasoductos Power Siberia mientras que por estas horas se esta consolidando un acuerdo por el segundo ducto y entre ambos podrían llegar a exportar unos 150 millones de m3 diarios de gas natural.

Los rusos están construyendo también varios ductos en su territorio del este entre Vadivostok y los campos productores de los ex territorios japoneses de Sakhalin I y II y hasta la ciudad de Yuzhno-Sajalinsk.

La producción gasífera en ese territorio comienza interesar a Japón y Corea, mercados ávidos de la potencia y sustentabilidad del gas natural. 

Si la paz se mantiene, Rusia seguirá extendiendo sus gasoductos a todos los países con los que tiene frontera. Japón y Corea del Sur,  dos países bajo la órbita del dólar que podrían caer en la tentación de obtener gas a precios razonables y abastecimiento seguro durante muchos años.

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