La energía en su laberinto

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Luego del éxito alcanzado con la reestructuración de la deuda pública, (se logró canjear con el 99% de los bonos) el presidente Alberto Fernández comienza, de a poco, a despuntar sus intenciones en materia económica.

Como sucede desde mediados de la década de 70, el país viene sufriendo las ya clásicas crisis cíclicas: alta inflación, desempleo, inestabilidad cambiaria, financiarización extrema de la economía y altísimo endeudamiento. 

Esta vez debe sumársele la pandemia y la recesión mundial. Pero el reciente anuncio de Fernández y su ministro Matías Kulfas del lanzamiento de una linea de financiamiento para poner en marcha el carro de la economía trajo aliento a los empresarios, en particular al sector pyme.

 No se trata de un plan estratégico de largo plazo de la economía, pero al crédito para las pymes de apenas US$ 500 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la participación de los dos mayores bancos del país (Nación y Provincia de Buenos Aires) y del BICE auguran una base para resucitar a las agonizantes pymes.

Guarismos

Las cifras de la herencia+pandemia son desastrosas. En julio, la producción pyme industrial cayó 13,6% frente al mismo mes del año pasado, aunque se recuperó contra meses anteriores. Julio marcó una caída leve comparado con las caídas junio (-23,5%;); mayo (-34,9%); abril (-53,1%) y marzo (-28,8%).

Las declaraciones del presidente Fernández fueron bastante claras: su equipo buscará el desarrollo de la industria local, desde la cadena agroalimentaria hasta las pymes metalmecánicas. 

La concreción de esas aspiraciones requiere una profunda planificación en el largo plazo, fuertes políticas exteriores y lidiar con los sectores de la economía primaria que históricamente resistieron el trasiego de renta para el desarrollo de la industria. 

Quitando la vista de nuestro ombligo y elevándola al horizonte, vemos los mercados internacionales. Allí, los grandes players de todos los rubros esperan con el cuchillo entre los dientes el levantamiento de las restricciones globales.

El barril de referencia por encima de los US$ 45, será un alivio a las arcas fiscales porque los subsidios que demandan el Barril Criollo y los valores del gas comprometen ingentes sumas del Tesoro, los usuarios y consumidores no las soportan y el impacto inflacionario sería arrollador y claramente contrario a los postulados electorales.

La energía juega un rol fundamental en el desarrollo y crecimiento de la economía y su acceso impacta directamente en todos los índices económico-sociales. Si los planes de crecimiento pyme dan el resultado esperado, el abastecimiento de energía en particular el gas, con el actual nivel de producción y precios, en poco tiempo será nuevamente un cuello de botella para el desarrollo y crecimiento de la Argentina.

Dónde estamos parados

La Argentina es un país tomador de precios en prácticamente todos los rubros de exportación. El petróleo es una muestra de ello. Además, el mercado petrolero es opaco, los precios son de referencia y sólo se conocen los valores de referencia informados por las agencias como Platts o Argus las que recurren a complejos sistemas de inteligencia lobby, contactos y cruce de datos para determinar cuál es el precio, o cómo se está transando el commoditty en un determinado momento y lugar.

A esta opacidad debe sumársele la lucha por el control del petróleo. En 2014, sin que la demanda se redujera significativamente, el precio internacional se desplomó casi un 50%. Pero en la pandemia la caída de la demanda está siendo importantísima: se calcula que el consumo mundial de crudo será de 92,82 millones de barriles al día en 2020, lo cual representa una reducción de 6,85 millones de barriles al día con respecto a 2019.  Los operadores más expertos y con buen ojo estiman que ese nivel de consumo se mantendrá por un buen tiempo, marcando una diferencia sustancial con la perspectiva de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) que había estimado ,hace un año, que el repunte sería constante. Independientemente de la pandemia, la percepción general es que el cambio en el mercado petrolero no es transitorio. La irrupción del GNL y otras fuentes alternativas ralentizarán el aumento de la demanda.

Incluso en la OPEP ya admiten la posibilidad de que la demanda mundial de crudo no se recupere a los niveles anteriores a la pandemia. Si esta idea se hace carne, los países miembros del cartel encararán una nueva estrategia con el objeto de mejorar los precios.  Y eso habrá que verlo. Hace muchos años que los continuos acuerdos de recorte no se cumplen y han perdido su eficacia. De insistir en ese camino, en un escenario de retroceso sostenido de la demanda, el esfuerzo como hasta ahora, será inútil. 

Recuperación de la demanda

Según un informe publicado por la noruega Rystad Energy, la reactivación progresiva de las economías en Europa y del resto del mundo podría desencadenar un aumento en la demanda de petróleo. Pero el crecimiento de los casos de coronavirus en países que son grandes consumidores de petróleo (como Estados Unidos, Brasil y la India) compensaría a la baja los aumentos de la demanda europea.

Rystad pronostica que la demanda de petróleo en 2020 promediaría 89,77 millones de barriles por día, pero en 2021 sería de 97,17 millones, todavía un poco por debajo del promedio de 2019 (cercano a los 100 millones). La demanda de crudo podría recuperarse a finales de 2022, cuando el transporte se haya reactivado por completo.

Al igual que Rystad Energy, la OPEP había revisado a principios de mes la demanda mundial de petróleo en 2020. Apuntó una caída de 8,9 millones de barriles. Como dijimos al principio, el mercado petrolero es opaco e imprevisible, fundamentalmente porque las variables políticas nunca están a la vista.

¿Y por casa?

Pablo Iuliano, vicepresidente de No Convencionales de YPF, dijo a un medio colega del sur que “La opción para Vaca Muerta es el mercado global”.  A esta altura del partido, no caben dudas de la enorme capacidad técnica de los productores locales. Los desarrollos logrados en particular por YPF y Tecpetrol, superaron las expectativas frente al panorama que se planteaba allá por el 2012.

Pero el mercado internacional para Vaca Muerta hoy parece inalcanzable, desde la caída de los precios en 2014 ni la demanda ni los precios repuntan sólidamente. Para la Argentina los mercados están muy lejos y con precios poco atractivos, las dificultades son cada vez mayores. De hecho, casi todas las exportaciones de YPF de GNL se llevaron a cabo con pérdidas sustanciales o, en el mejor de los casos, con algún empate.

El mercado mundial de GNL es muy grande y se espera que continúe en aumento sustituyendo petróleo y carbón, pero también es muy competitivo y complejo. De los 350 miles de millones de m3 exportados durante 2019, Qatar, Australia, Malasia e Indonesia aportan 250. En ese período los principales consumidores fueron Japón con 113 mil millones de m3, seguida por China con 73, Corea del Sur con 60 y muy atrás siguen España, Turquía, Italia y Reino Unido.

Con la oferta en aumento, el precio promedio de GNL para las entregas en agosto en el noreste de Asia (LNG-AS) se ubicó alrededor de US$ 2,20 por millón de unidades térmicas británicas (MMBtu), precio más o menos estable en los últimos meses. A la caída de la demanda por efectos de la pandemia debe agregarse un clima cálido, lo que contribuyó a moderar el consumo, sobre todo en Japón y en la India.

En Europa, las entregas de GNL en junio cayeron un 32% , y un 5,6% desde junio de 2019. Papua Nueva Guinea de Exxon Mobil, Abu Dhabi National Oil Co (ADNOC) GNL de Brunei, Nigeria LNG, Pakistan LNG Ltd tienen oferta esperando demandantes. Sakhalin 2 de Rusia está ofreciendo entre US$ 2,10 y 2,15 por MMBtu. Las plantas de almacenamiento de gas en Europa están en promedio al 80% de su capacidad, según datos de Gas Infrastrucure Europe. 

De este lado del Atlántico, durante el primer semestre de 2020, los precios del gas natural Henry Hub alcanzaron mínimos históricos.  Según la Energy Information Administration (EIA) de los EE.UU., el precio spot mensual promedio registrado en el Henry Hub alcanzó los US$ 1,81 por MMBtu.  Todo por efecto de la pandemia. Sin embargo, la Administración registra el precio mensual real en el Henry Hub más bajo y con un promedio de menos de US$ 2 / MMBtu en marzo de 2016. y no había pandemia.

Sobre llovido, mojado

Al panorama mundial de precios bajos, debe agregarse que en la cuna del shale, EE.UU., desde 2015, más de 200 productores de petróleo y gas se declararon en bancarrota sumando pasivos por US$. 130.000 millones, según informaron Bloomberg y World Oil. Sólo este año, al menos 20 empresas se fueron a pique después de que los precios del petróleo se desplomaran en medio de la pandemia de Covid-19, entre ellas Chesapeak Oil, una de las mayores productoras de shale y pionera de las formaciones Marcellus y Eagle Ford. Tras el actual estado de cosas, los inversores norteamericanos, luego de esa experiencia ¿vendrán a invertir en Vaca Muerta?

Precios internos

Un muy reciente trabajo académico elaborado por especialista local, cita un informe de BP 2020 donde afirma que el promedio de los valores del gas en boca de pozo de Henry Hub y Alberta (Canadá) de los últimos 30 años rondó los 3,1 US$/MMBTU. El mismo autor estima que un valor algo superior cubriría los costos de explotación de este tipo de recurso en Argentina, y podría ser un valor de referencia lógico apuntando al mediano plazo.

El trabajo repasa las políticas de precios aplicadas en los últimos años a través de los distintos “Plan Gas” y  resoluciones ad hoc y concluye --en coincidencia con Alejandro Bulgheroni--, que  el precio de equilibrio del gas está por debajo de los 3.5 US$/MMBTU, mientras que los del petróleo crudo tienen un límite de 50 US$/Barril.

En relación a los precios, Bulgheroni en 2019  dio a La Nación un dato revelador: “Se hizo rentable producir gas a 3 dólares el millón de BTU y hoy, por distintas circunstancias, es posible obtener rentabilidad incluso a 2,4 dólares. Esto le da una ventaja a la Argentina a tener gas natural más barato para la generación de energía para consumo local. Todavía no estamos acá, estamos cerca, pero vamos a llegar”, afirmó.

Los precios difundidos en el informe antes mencionado, están en sintonía con las proyecciones realizadas por Wod Mackenzie y los datos publicados en Carta Energética Nº43 de Montamat y Asociados. Allí, en la Nota firmada por Horacio Lazarte, se asegura que el precio “breakeven” promedio del shale y el tight gas es de 3,55 US$/MMBTU, aunque el costo promedio del país computando el gas convencional sería de 2,5 US$/MMBTU. 

Con estos datos a la vista, resulta muy difícil pensar que con el actual nivel de demanda mundial y los bajos precios internacionales reinantes, Vaca Muerta tenga oportunidades en el mercado más allá de las que brinda la región.

Como vemos, a pesar del hiperdesarrollo gasífero de la Argentina, Vaca Muerta encuentra un mercado internacional con consumidores lejos, precios bajos y mucha oferta. En este contexto YPF sin renunciar a competir con los grandes jugadores, debería iniciar una revisión de las posibilidades que tiene el GNL en el mercado regional.  Resulta evidente que no es suficiente con reglas claras o seguridad jurídica sino que las condiciones para un desarrollo en gran escala de Vaca Muerta, requieren de condiciones y variables que no pueden manejarse independientemente del signo político que gobierne.

Es decir, no se trata sólo de bajar costos u obtener subsidios sino de desarrollar inteligentemente los mercados circundantes, tanto para el gas natural como del GLP. La clave será la producción y exportación de crudo que resulta más fácil de colocar que el GNL que requiere un trabajo de planificación y desarrollo mucho más fino.

En palabras de Iuliano: “Vaca Muerta tiene mucho petróleo y mucho gas para sólo quedarnos con el abastecimiento interno. Tenemos que pensar adónde llegamos con este crudo. Y para llegar a los mercados internacionales, hacer negocios y potenciar la llegada de divisas, volver a equilibrar la balanza comercial y asegurarnos el ingreso de dólares, lo que tenemos que hacer es ser competitivos”.

Hace décadas que se reclama para nuestro país competitividad, “reglas claras”, “seguridad jurídica” como si en el mundo no existiese un omnipresente poder financiero internacional y una invisible división internacional del trabajo que cristaliza ad eternum las asimetrías entre países  en vías de desarrollo y desarrollados.

Hay una clara contradicción lo que se dice que debería suceder y lo que sucede. Durante el gobierno de Mauricio Macri el país tomó una altísima deuda con muy corto plazo de vencimiento, emitió bonos por US$ 65.000 millones y tomó del FMI 44.0000 millones más al tiempo que el PBI se contraía a un promedio del 2% anual.

A pesar del aumento del ciclismo financiero, durante su período de gobierno, la Secretaria de Energía no pudo conseguir US$ 800 millones para construir un nuevo gasoducto para transportar la producción de Vaca Muerta. O los prestamistas son tontos o hay halgo que no entendemos.

Mientras tanto, el imaginario popular sigue construyendo la idea de que Vaca Muerta es la salvación del país. Pero además del complejo panorama, internacional, la producción no puede sustraerse al complejo jurídico del Estado argentino que establece la prioridad del abastecimiento interno. Desde el Gobierno no se oponen a la exportación de los excedentes.  Pero claro, hay allí un punto de tensión, los productores reclaman el privilegio de exportar gas con independencia de la demanda interna y para completar el panorama; piden que los usuarios locales abonen precios internacionales del combustible, lo que resta competitividad frente a los amplios bolsillos y generosos subsidios de las economías desarrolladas.

El gas natural es un insumo necesario que a precios competitivos contribuye al desarrollo y crecimiento de la economía. Sin precios competitivos de la energía no existe la mínima posibilidad de vencer los subsidios y las barreras arancelarias y paraarancelarias impuestas por los países centrales o los asiáticos con mano de obra barata como China.

Está claro que hay una oportunidad para que el sector privado y el Gobierno acuerden una verdadera alianza que permita al país el desarrollo que se necesita y las empresas la cobertura de un estado que defienda los interesas nacionales. ¿Será esta la oportunidad?

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