La energía y la expectativa del día “D”

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Nuevamente estamos en presencia de una situación dramática en que la realidad ha superado largamente la ficción: la pandemia del COVID-19, made in China, hay que decirlo. Y en medio de esta escena, o más bien en el capítulo previo (previously, como sintetizan las plataformas de entretenimiento al iniciar una nueva temporada) los grandes jugadores internacionales habían decidido apostar muy fuerte a desplazar la producción No Convencional del mercado petrolero global.

Escribe Alberto Montebello

La suma del shock de oferta y el de demanda están destruyendo valor en el sector petrolero y en cuanto a la pandemia, si bien el aislamiento y los testeos parecen ser caminos correctos, a estas horas no hay una visión suficientemente dominante en cuanto a la mejor estrategia a aplicar para combatir en conjunto los problemas de salud y recesión en los países en vías de desarrollo.

Mientras en el caso de los países desarrollados los paquetes de asistencia pueden implicar una disyuntiva entre salud y economía, en nuestro país, una cuarentena extendida seguro que reducirá la curva de infectados tanto como los accidentes de tránsito, pero también puede ser una solución extrema del estilo “muerto el perro se acabó la rabia”. Seguramente a fin del 2020 podamos establecer conclusiones con análisis de Benchmarking, y así podremos juzgar si los líderes que han seguido las estrictas recomendaciones de los infectólogos han actuado correctamente o no.

En este contexto la matriz energética argentina podría quedar comprometida en función de los incentivos que habían establecido los gobiernos nacionales en el último quinquenio. Concretamente, el estímulo a la producción NC pasaría a otra (¿mejor?) vida a no ser que se decida un nuevo esquema de precios disociado del internacional.

Lo que definitivamente NO deberíamos es cometer errores del pasado. Si vamos a disociar los precios locales de los internacionales, que sea tanto en escenario de baja como de alza. Establecer un precio de referencia cercano a los 40 dólares y manejar las fluctuaciones con retenciones móviles parecería ser una estrategia correcta, tanto como acolchonar los precios finales de los combustibles con impuestos de suma fija variables. Pero en un escenario de costos de oportunidad más bajos, no deberíamos dejar de aprovechar la oportunidad de tener un combustible algo más barato el día D, sobre todo en una economía que sufre de inflación crónica.

En este sentido aparece la controversia acerca de si las transferencias y el déficit fiscal, que el paquete de asistencia a la población compromete, generará mayor inflación. Claramente la experiencia de los últimos 3 años en la Argentina ha mostrado que la inflación no es solamente un fenómeno monetario. Y hoy día, en un contexto de preferencia por la liquidez, ciertamente la baja en los precios de la energía puede aportar para que la inflación no se desborde.

¿Serán los nuevos acuerdos de paritarias otros componentes que contrapesen el posible incremento del precio de los alimentos para terminar el año con una inflación del orden del 25/30%? Otro interrogante para el próximo diciembre.

Por un lado, el mercado de combustibles líquidos parece encaminarse a una solución de compromiso con un barril criollo del orden de los 40 dólares, aunque a diferencia de otros tiempos debería quedar claro que este criollo se “banca” también los precios por arriba de los umbrales de principio de año. Por otra parte, los sectores del gas y la electricidad enfrentan algunas disyuntivas. En el caso del gas si bien hay relativa confusión con el accionar de ENARSA, está claro que el costo de oportunidad dado tanto por el GNL como el gas de Bolivia marcarán un escalón inferior al de los precios en boca de pozo del año 2019. De hecho, la última subasta del MEGSA ha mostrado una baja importante, y en tal sentido si bien la inversión del Upstream se ha contraído en el último bimestre, debería esperarse un cambio de ánimo después de esta cuarentena, principalmente de la mano de una YPF de la que la sociedad espera una actitud más activa y coordinada.

En el caso eléctrico, los menores costos de los insumos ubican actualmente el costo medio de generación en torno a los 50 US$/MWh y eso también debería contribuir a la reducción generalizada de costos. No obstante, tanto en gas como principalmente en electricidad, podrá darse una sustitución de consumo del sector industrial al residencial con impacto tarifario (al incrementarse los cargos por aumentos de categoría) que debería monitorearse. Asimismo, el quiebre de la cadena de pagos está generando un atraso de los pagos de las distribuidoras a CAMMESA en el caso eléctrico y a los productores del Upstream en el caso del gas. Ciertamente habrá un impacto fiscal negativo por este lado. Pero así como se re perfilaron el valor de algunos activos, los costos de la potencia acordados en la gestión de gobierno de MM resultan desmesurados.

La expectativa de una coordinación de acciones de los reguladores (en donde han debutado nuevas autoridades) con las empresas a las que controlan, es grande. Téngase en cuenta que muchas de estas empresas, como otros actores económicos verán afectados sus flujos de fondos en un escenario de prolongación de cuarentena. En el caso de los hogares, el problema no se circunscribe a los enflaquecidos bolsillos de muchos usuarios, sino que la falta de pago de estos servicios también podría impactar en la recaudación de impuestos. Impuestos que deberían financiar los gastos de asistencia social y sobre todo en programas de salud pública con foco en expandir la capacidad hospitalaria.

El mejor escenario es que Argentina y el mundo pueda salir del aislamiento social sin congestionar el sistema sanitario. Si China, generadora de la pandemia, pudo superar la crisis sanitaria es esperable que el resto del mundo lo haga (con ayuda de China). También es posible que el resultado de esta experiencia de aislamiento sea flexibilizar los modos de trabajo en actividades productivas y de servicios, donde se tienda a reducir la movilidad y la congestión. Pero también deberíamos ser cuidadosos a la hora de sacar rápidas conclusiones que puedan generar una confrontación entre la iniciativa privada y la participación pública; así como del rol de los distintos actores de la sociedad civil (sindicatos, cámaras empresariales, ONGs, etc.).

Viniendo importada desde China, donde el Yin y el Yan nos enseñan que crisis es sinónimo de oportunidad. Una de ellas podría ser la posibilidad de negociar la deuda en condiciones ventajosas para el país, en un escenario de iliquidez global. La posibilidad de recuperar una matriz energética balanceada, donde ciertos criterios marginalistas sean reemplazados por esquemas de costos medios, libres de subsidios tal vez sea otra. Evidentemente la discusión profesional acerca del futuro también debe darse en este sector que tantos recursos moviliza.

Adicionalmente, en este escenario en el que pareciera que el mundo hizo un catch up de la situación crítica de Argentina, esta pandemia debería generarnos conciencia del momento delicado que nos llama al pragmatismo, la solidaridad, el aprovechamiento de las potencialidades domésticas y la aplicación de políticas de gobierno coordinadas. Y especialmente, a procurar no aplicar recetas que se ciñan a modelos que no han dado resultado en el pasado, al menos en Argentina. La gran expectativa es que el día D no sea un día de desilusión…

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