Vaca Muerta y la industria local, lecciones contradictorias de la enfermedad holandesa

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Escribe Luis Giussani (*)

La enfermedad holandesa es una teoría económica que forma parte de las tentativas por justificar la llamada maldición de los recursos naturales. Teorías que intentan explicar los motivos por los cuales la abundancia de recursos naturales puede ser contraproducente para el desarrollo económico de un país. En este artículo, se intentará exponer las principales características de la enfermedad holandesa, que consistió en la puesta en producción de los yacimientos de gas en el Mar del Norte holandés y su efecto en la industria de los Países Bajos contrastado con la producción no convencional de Vaca Muerta y los efectos que podría tener en la industria y el desarrollo argentino.

En economía pueden encontrarse una diversidad de teorías, las cuales sintetizan determinado evento y son tomadas como ejemplo de una situación económica, convirtiéndose en un llamado leading case. Sin embargo, no es tan habitual que nos encontremos con una teoría que describa exactamente el mismo fenómeno que queremos analizar, en este caso, la puesta en producción de pozos de gas. Lo más sorprendente aún es, si debido al cambio tecnológico y demás factores que analizaremos, las conclusiones de una teoría mundialmente famosa terminan siendo opuestas al caso analizado. Luego de este anticipo, desarrollaremos los postulados.

La enfermedad holandesa, o dutch disease, consiste en el análisis del efecto que tuvo la puesta en producción de los yacimientos de gas descubiertos por parte de un pequeño país, Holanda, a fines de 1960 en el Mar del Norte, la producción masiva de los mismos se interpreta que tuvo un efecto de desindustrialización para el país. Esta teoría tiene un corolario realmente preocupante para Argentina que está poniendo en producción a la formación Vaca Muerta. Máxime cuando se trata de uno de los pilares de la esperanza de desarrollo económico del país. Sin embargo, a continuación, analizaremos los supuestos utilizados por Corden and Neary (1) y veremos las diferencias entre el caso planteado y el que se verifica en nuestro país.

Así como en la física, con el fin de poder analizar determinadas variables se descartan las menos relevantes, como el funcionamiento de las poleas en ausencia de fricción, en economía al intentar formalizar determinado modelo, se analizan determinadas variables omitiendo otras que no son así consideradas. Corden and Neary realizan los siguientes postulados con el fin de analizar sistemáticamente el cambio estructural en una economía pequeña abierta al mundo. A saber: en la economía se producen dos bienes transables comercializados a precios internacionales, y un tercer bien no transable, en el cual la oferta se iguala a la demanda. Estos tres bienes son: energía, manufacturas y servicios. También se asume que los salarios reales son perfectamente flexibles.

Como se mencionó, los precios de los transables están dados en el mercado internacional, por lo tanto, son exógenos (determinados fuera del modelo bajo análisis). Sin embargo, el tipo de cambio real (TCR), definido como la relación entre el precio del no transable y el transable, puede cambiar. El aumento del precio de los no transables (servicios) implica un incremento del TCR. El incremento del gasto como consecuencia del descubrimiento, aumenta la demanda de servicios, incrementando el precio de los mismos, generando la apreciación del TCR. Debido a la movilidad del trabajo entre los tres sectores, se verificará un incremento del peso relativo en el sector que realizó el descubrimiento (energía) y un incremento en el sector servicios debido al aumento relativo de sus precios. Mientras que se verificará una caída en el sector manufacturas debido a su pérdida de competitividad internacional producto del aumento del TCR.

Hasta aquí desarrollamos, muy sintéticamente, los postulados del escrito original de Corden and Neary. Otros autores, por ejemplo Bisang (2), acentúan el efecto de la enfermedad holandesa mencionando la baja demanda de insumos locales por parte del sector energía (en el caso de Holanda se trataba de plataformas marinas) y la baja demanda de mano de obra, ya que se trataba de una industria poco generadora de empleo. Por lo tanto, muchos autores mencionan el efecto adverso en el empleo que tiene la enfermedad holandesa, ya que se sustituye una industria demandante de empleo como la manufacturera por otra de baja demanda de empleo como la extracción off shore.

¿Por qué entonces se sostiene en el presente artículo que Vaca Muerta y el caso argentino consisten en un caso diferente que el planteado para la enfermedad holandesa pese a verificarse en ambos casos la puesta en producción de nuevos pozos de gas?

- La primer gran diferencia es que al momento de poner en producción Vaca Muerta, para Argentina, el gas se trata de un bien producido y mayormente consumido localmente, completándose la producción local con importaciones a muy alto costo.

- También es relevante incorporar en el modelo la participación que tiene el gas en la matriz energética local, ya que se encuentra entre las más altas del mundo, superando el 50% de la energía primaria. Por lo tanto, el acceso a una fuente de gas más económica tendrá un efecto positivo, vía una baja en los costos, tanto para el sector manufacturero como para el sector hogares.

- Debe mencionarse el efecto directo que tiene una baja en el precio del gas sobre el costo de la electricidad, ya que en 2018 el 63,8% de la electricidad provino de la combustión de combustibles fósiles, teniendo el gas el 90,1% de la participación, por lo tanto, el 57,5% de la generación eléctrica argentina depende del gas natural.

- Otra diferencia con el caso planteado por diversos autores como característica de la enfermedad holandesa es el efecto del incremento de la producción de un sector sin escalonamientos hacia arriba ni hacia abajo, lo cual no sería el caso de Vaca Muerta. La producción no convencional tiene características totalmente distintas a la producción off shore. La primera se trata de un proceso tipo factoría que implica miles (o decenas de miles) de pozos, mientas que la segunda se trata de pozos puntuales de alto costo.

- Por último, sin dejar de considerar que el precio de los transables es determinado en el mercado mundial, se incorporan los costos de transporte y de nacionalización para un producto como el gas en el que dichos costos son relevantes. 

Por lo tanto, para formalizar el efecto de Vaca Muerta en la economía argentina se podría plantear un modelo en el que se producen tres bienes transables: alimentos, manufacturas y gas; y un bien no transable: servicios.

La oferta y demanda de servicios alcanza el equilibrio y determina su precio, mientras que los bienes transables son comercializados a precios internacionales. Sin embargo, dados los costos de transporte, licuefacción y regasificación del gas, la brecha entre el import parity y el export parity es relevante.

¿En qué consiste el import parity y el export parity? Dado un precio de referencia internacional, por ejemplo, el crudo WTI, el import parity para Argentina radica en el precio del crudo WTI más los costos de fletes, seguro y demás costos para ingresar dicho petróleo al país. Mientras que el export parity para Argentina es en el precio del crudo WTI menos los costos de fletes, seguro y demás costos para poder colocar ese barril en USA. Por lo tanto, el export parity es un precio inferior al import parity.

Como se mencionó anteriormente, debido a que el gas y la electricidad, son insumos de uso difundido en la economía local, se plantea en el modelo que el gas es insumo para las manufacturas.

Al modificar estos supuestos del modelo, acercándolo a la situación argentina, el incremento de las inversiones en el sector gas, efectivamente tendría como consecuencia un aumento del gasto en servicios, con su consecuente incremento de precios y apreciación del tipo de cambio. Sin embargo, la baja en el precio del gas, al dejar de estar establecido por el import parity, generará una disminución en los costos de las manufacturas, mejorando su competitividad. Como se mencionó, esta baja en los costos también sucederá vía la disminución del costo de la electricidad. Por lo tanto, estrictamente la competitividad de la industria manufacturera dependerá de su estructura de costos, siendo las energo-intensivas las más favorecidas.

Por lo tanto, al adaptar el modelo de Corden and Neary a la situación argentina, podemos llegar a la conclusión de que el desarrollo de Vaca Muerta no tiene por qué que producir efectos similares en Argentina a los estudiados en la enfermedad holandesa. Muy por el contrario, Vaca Muerta será un estímulo a la demanda para proveedores locales y por sobre todo, representa   una fuente para la reducción de costos en el sector manufacturero, permitiendo una mejora en su competitividad. Por último, aunque no se haya desarrollado en el modelo, será una fuente de recursos fiscales y de divisas.

(1) Corden W. M. y Neary J.P. (1982), Booming Sector and De-industrialisation in a Small Open Economy. The Economic Journal 92, pp. 825–848. Corden M. (1984), Booming Sector and Dutch Disease Economics: Survey and Consolidation, Oxford Economic Papers, Vol. 36, pp.359-80

(2) Bisang, R (2011) Agro y recursos naturales en la Argentina: ¿enfermedad maldita o desafío a la inteligencia colectiva? Boletín Informativo de Techint, Nº 336, pp.63-83.

(*) Luis Alberto Giussani, consultor independiente especializado en economía del petróleo y gas. Email: [email protected].

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