Recordando a Enrique Mosconi

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El viernes pasado se realizó en el Salón del Consejo de la Facultad de Ingeniería de la UBA un acto organizado por el IGPUBA en conmemoración de la asunción de Enrique Mosconi como primer director de YPF, el 19 de octubre de 1922.

En el acto, hablaron el decano de la FIUBA Ing. Alejandro Martínez, la presidente del Instituto de la Energia “Scalabrini Ortiz” Ing. Nilda Minutti, el Ing. Aníbal Mellano director del IGPUBA y el Ing. Gerardo Rabinovich. vicepresidente del Instituto de la Energía General Mosconi.

A continuación, las palabras de Gerardo Rabinovich:

El General Enrique Mosconi (21 de febrero de 1877 – 4 de junio de 1940) fue uno de los grandes hombres de nuestra historia, constructor de una doctrina sobre el manejo soberano de los recursos naturales que llevo a la práctica con una eficacia y una claridad que solo se le reconocen a los héroes de nuestra patria.

Militar e ingeniero civil argentino, pionero en la organización de la exploración y explotación de petróleo en nuestro país. Fue uno de los Ideólogos y primer Director General de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

Ingeniero civil egresado de la entonces Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, antecesora de la actual Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), hoy el Instituto del Petróleo y el Gas (IPGUBA) le rinde un orgulloso homenaje a su inspirador quien lo consideraba una herramienta fundamental para la formación de profesionales especializados y el desarrollo nacional del sector petrolero.

El General Mosconi no fue un improvisado en el mundo petrolero, entre 1906 y 1914 con algún breve intervalo, fue enviado por el Ejército a Europa donde se empapó de los nuevos desarrollos tecnológicos en comunicaciones, transporte ferroviario y de las ideas industrialistas que dominaban esa época, en todo el Viejo Continente. A partir de 1922 ya de regreso en el país, paso a comandar la división de Aeronáutica, y el 19 de octubre en ese año, el presidente Marcelo T. de Alvear lo nombró Director General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, empresa fundada poco tiempo antes por Hipólito Yrigoyen.

Estuvo en el cargo durante ocho años, eligiendo renunciar a esa función antes que continuar en un gobierno ilegitimo surgido del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, luego del trágico golpe militar de 1930, y que dio comienzo a la llamada “década infame”.

Es imperioso rescatar la gestión del General Mosconi en YPF. Fue un administrador excepcional: con una dotación de capital inicial de 8 millones de pesos, mantuvo la autosuficiencia económica y financiera de la empresa como resultado de los ingresos provenientes de la producción petrolera.

Durante la gestión de Mosconi casi se triplicó la producción de petróleo de 349 mil metros cúbicos en 1922, a 872 mil metros cúbicos en 1929. La produccion de derivados le permitió ir tomando posiciones a YPF en el mercado de los combustibles líquidos, inauguró el primer surtidor de querosén el 22 de febrero de 1923 en Buenos Aires, tres meses más tarde se instalaron seis más. El 20 de junio en Mitre y la Avenida Rosales se construyó el primer surtidor de nafta para vehículos. El industrial Torcuato Di Tella fue quién se encargó de su fabricación, no sin antes consultárselo a su amigo, el general Mosconi

En 1929 impulsó una política muy agresiva en relación con las naftas y logró romper la posición dominante que ostentaban las compañías extranjeras en pleno desarrollo de la nueva industria automotriz. Desde entonces YPF ha sido el actor dominante y casi excluyente en el mercado de los combustibles líquidos.

Mosconi impulsó la idea que el petróleo “es un recurso inalienable e imprescriptible de la Nación”, idea que atraviesa como una flecha nuestra historia, retomada por Perón en la Constitución de 1949 y por los militares en la ley 17.319 de 1967, todavía vigente, origen de un conflicto entre Nación y provincias por la propiedad de los recursos y que fue saldado en la Constitución de 1994, y en la llamada Ley Corta N° 26.197 del 2006, que en su articulo 1° establece que “Los yacimientos de hidrocarburos líquidos y gaseosos situados en el territorio de la República Argentina y en su plataforma continental pertenecen al patrimonio inalienable e imprescriptible del Estado nacional o de los Estados provinciales, según el ámbito territorial en que se encuentren”

Su pensamiento debe ser analizado en el contexto de época: postguerra primera guerra mundial, ley antitrust EEUU y desmembramiento de la Standard Oil,
carácter estratégico del petróleo con fines militares que hizo de Gran Bretaña la reina de los mares, y vencedora de la primera guerra.

Una nueva época surgía en el mundo, Mosconi entendió el sentido de los cambios y se propuso romper con los trust; es conocida el episodio cuando, ejerciendo la Dirección del Servicio de Aeronáutica del Ejército en 1922, la West India Oil (filial de la Standard Oil de Nueva Jersey, luego Esso), le pidió pagar por adelantado la nafta para aviones siendo su reacción ante este episodio frente a los representantes de la empresa americana la siguiente:

“… el Servicio Aeronáutico del Ejército no debe un centavo a su compañía; que se trata de una repartición militar solvente y dependiente del Ministerio de Guerra y que, por lo tanto, no sólo sorprenden sus manifestaciones y su exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto. (…) Allí, en el mismo escritorio me propuse juramentándome conmigo mismo, cooperar con todos los medios legales para romper los trust”.

Su pensamiento en aquella época marcó una doctrina sobre el petroleo que llega a nuestros días y es objeto de fuertes posiciones enfrentadas: “No queda otro camino que el monopolio del Estado (en materia petrolera) pero en forma integral, es decir, en todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el transporte y el comercio […] sin monopolio del petróleo es difícil, diré más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial a las grandes organizaciones del capital privado”.

…“Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero, para favorecer a éste con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”. En la década de 1990, el presidente Menem sería el impulsor de una política entonces condenada por el General Mosconi, y que sigue hasta nuestros días con algunos matices, quedando todos los yacimientos petroleros del país operando bajo el sistema de concesiones.

Este pensamiento lo difundió por todo el continente, fue el mayor impulsor de una política nacional que puso los recursos naturales al servicio del desarrollo económico, industrial y social de la Nación.

Defendió la nacionalización de estos recursos, el absoluto monopolio estatal en su exploración y explotación, la necesidad de los países latinoamericanos de tomar medidas coordinadas en este asunto, y la promulgación de leyes relacionadas con los recursos naturales que fueran ventajosas para los intereses de los estados nacionales. Fue inspirador de empresas similares en Mexico (Pemex), Uruguay (Ancap); Bolivia (YPFB), Brasil (CNP/Petrobras) y Colombia (Ecopetrol).

Fue un gran defensor de la autonomía energética: “Así como la emancipación política del continente se selló con las corrientes libertadoras de [Simón] Bolívar y de [José de] San Martín, realicemos nuestra independencia económica (…) Sólo entonces habremos dado término integral al mandato de nuestros libertadores, asegurando la felicidad y el bienestar de nuestros pueblos”.

Si las nuevas generaciones argentinas necesitan encontrar una figura a la que invocar, en defensa de la soberanía nacional, del progreso autónomo, de la defensa de los recursos naturales, del desarrollo industrial y la formación de recursos humanos, esa personalidad es la del general Enrique Mosconi, ejemplo del hombre consustanciado con su país. Para Mosconi la soberanía nacional era algo tangible: era la defensa del patrimonio argentino, de sus riquezas naturales, de los hombres y mujeres que con su trabajo escriben las páginas más auténticas de nuestra nacionalidad.

Nosotros estamos orgullosos que nuestro Instituto, fundado por el Ing. Roque Carranza, lleve su nombre, y su ejemplo de inteligencia, honestidad e integridad al servicio del bien común y de la Nación argentina es un ejemplo que siempre guía nuestro accionar.

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