¿Qué hay detrás del precio del crudo?

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Mientras el presidente Mauricio Macri negociaba con el FMI un acuerdo que le daría un respiro hasta octubre de 2019, el precio del crudo internacional superaba los 80 dólares el barril por primera vez desde 2014. A la luz de los acontecimientos internacionales, todo parece indicar que el aumento del precio aunque lento, continuará sin prisa, pero sin pausa.

Aldo Bianchi Alzugaray

El alza preocupa a algunos y tranquiliza a otros. En la Argentina, la suba constante del petróleo impulsa a las inversiones petroleras y mejora los ingresos provinciales por regalías.

Pero desde que el Gobierno decidió el “acople” de los precios internos con los internacionales el crudo no deja de impeler el precio de los combustibles líquidos y gaseosos y con ello el costo de generación que siempre se traslada a tarifas. Es decir, que la inflación continuará siendo estimulada, tanto desde el surtidor como desde la factura de los servicios energéticos.

Los refinadores procuran una recuperación de los costos, por tanto sin un acuerdo de precios entre Energía y los productores, el traslado a precios es indefectible si el crudo se mantiene en el nivel actual y con esta clara tendencia.

Algunas medidas podrían paliar parcialmente los ajustes como el aumento del corte de biodiésel de 12 a 25%, pero no parece que sea suficiente. Al parecer y desde el punto de vista financiero, el retraso en el traslado a precios podría ser la única ventaja. El acople al precio internacional debió haberse hecho en 2016, (Montamat dixit) cuando el crudo estaba históricamente bajo, nadie hubiese criticado un timming tan oportuno.

Cabe recordar que en 2014 y años subsiguientes, la caída de los precios internacionales repercutieron negativamente en los ingresos de los países en vías de desarrollo: Venezuela se privó de percibir unos 400 mil millones de dólares desde 2014, Rusia devaluó el rublo en un 50%, otros exportadores de petróleo también vieron reducir sus ingresos. Y en lo que a la Argentina le toca, fueron arrastrados a la baja los precios de todos  los commodities, los mismos que trajeron tanto “viento de cola”.

Tobogán internacional

En 2014 el precio internacional del crudo comenzó a caer y de 97 dólares promedio y tocó los 26 en 2016. En octubre de 2014, el Wall Street Journal publicó un informe sobre un acuerdo secreto pactado entre EE.UU. y Arabia Saudita y firmado por el secretario de Estado John Kerry y el Rey Abdullah bin Abdulaziz Al Saud –fallecido en enero de 2015– con el objeto de derrocar al régimen del presidente sirio Al-Assad acusado de apañar al Islamic State of Iraq and Syria, también conocido como ISIS.

El acuerdo secreto –sugestivamente firmado el 11 de septiembre de 2014– sólo sería un velo para cubrir el verdadero acuerdo secreto. El mismo consistió en bajar artificialmente el precio del crudo y de este modo afectar a la repotenciada Rusia, que venía repotenciando su influencia continental y devaluando a la ya alicaída hegemonía de los EE.UU. y de paso, zurrar a otros gobierno antagonistas de la Unión –como Irán, Venezuela o Ecuador– y a otras medio amigas, como Brasil.

Según el WSJ, la maniobra fue posible mediante operaciones de descuento realizadas por los saudíes. Dichas operaciones habrían sido coordinadas por el Tesoro de EE.UU., a través de su Oficina de Terrorismo e Inteligencia Financiera, en cooperación con un puñado de “players” de Wall Street, que controlan el comercio de los derivados del petróleo.

Años atrás, en 1985, Arabia Saudita recortó su producción y en aquella oportunidad Ryad pasó de producir 10 MMb/d de barriles en 1980 a menos de 4 MMb/d en 1985. Tras duras advertencias de EE.UU. primero y un buen ofrecimiento después, los saudíes aumentaron la producción, el precio se desplomó y se convirtieron en el principal aliado islámico de EE.UU., desairando así a Moscú, aliado hasta entonces.

Golpe de timón

Que el presidente haya sido liberal, negro y se llame Barack Hussein Obama II fue, para las clases conservadoras norteamericanas una carga bastante incómoda de sobrellevar. Pero lo que no han tolerado, son las políticas exteriores blandas con intentos de acercamiento pacífico a Rusia, Venezuela, Cuba e Irán y la tibieza en las relaciones con otros estados considerados “no amigos” de la unión.

A los republicanos —muy fierreros y vinculados al acero y al petróleo— siempre les interesó un precio del crudo alto. Pero esa postura le trajo tensiones entre el partido y el gobierno porque los altos precios significan problemas geopolíticos y representan una mayor transferencia de recursos a los productores, que casualmente -o no- son países en vías de desarrollo.

Es probable que el grado de autoabastecimiento en materia de hidrocarburos logrado por los EE.UU. parece haber moderado la posición de los petroleros.

Pero el pintoresceo y extravagante presidente de los EE.UU. Donald Trump, con el estilo que lo caracteriza, en la Asamblea de las Naciones Unidas, manifestó su repudio a los productores mundiales a quienes demandó una baja inmediata en el precio “la OPEP esta estafando al mundo”, dijo.

La expresión de por sí resulta un tanto desopilante. En principio, porque un “cartel” sería ilegal en cualquier país con una economía de mercado más o menos ordenada. Es decir, cartelizar la oferta  poniéndose de acuerdo en el precio de oferta, no está permitido, ni siquiera en la Argentina (googlear “cuadernos de Bonadío”). Por tanto acusar de estafadores al “cartel” internacional sería cuanto menos, redundante.

Pero la cosa se pone más rara aún si tenemos en cuenta que el cartel lo único que viene haciendo en estos años es pegarse un tiro en el pie. Arabia Saudita, el mayor productor del mundo de petróleo convencional y locomotora de la Opep tras un acuerdo con los EE.UU. en 2014 sólo se dedicó a aumentar la producción y boicotear los acuerdos de recorte pactados en la Opep.

Tiene razones poderosas: una enorme alcancía le permite soportar la sed de cualquier desierto financiero y de este modo desplazar a otros productores con mayores costos, aumentando su influencia en los países de la región.

Hamaca

La prolongada alianza entre Washington y Riad comenzó a deteriorarse antes de la asunción de Trump. La firma de un acuerdo preliminar nuclear entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EE UU, Rusia, China, Reino Unido y Francia), además de Alemania e Irán, desató la furia de los saudíes.

El acuerdo preliminar tenia como objetivo disminuir drásticamente el enriquecimiento de uranio de Irán y, a cambio, el fin de las sanciones contra este país y de este modo sacar a Irán del ostracismo internacional. El pacto enterraría definitivamente las ambiciones atómicas del régimen de los ayatolás y rebajaría sus injerencias territoriales.

Los saudíes comenzaron a elevar su temperatura y echando más nafta al fuego, Barack Obama —en ese momento presidente de EE.UU.— calificó elípticamente a los los saudíes como “free riders” (quien recibe un beneficio por utilizar un bien o un servicio pero evita pagar por él) y dijo que “deben acostumbrarse a compartir Medio Oriente con Irán”.

Por si fuera poco, desde 2016 se sancionó una ley que permitirá a los ciudadanos estadounidenses demandar al gobierno de Arabia Saudita por los ataques del 11 de septiembre de 2001, sobre el hecho de que la mayoría de los atacantes eran ciudadanos sauditas.

A partir de entonces, los sauditas comenzaron a arrimarse a un enemigo histórico: Rusia, a la sazón principal productor de hidrocarburos del mundo.

Una de cal y una de arena

La política estadounidense en la región es un problema de confusión y contradicción por lo que la asunción de Trump trajo buenas y malas noticias para Riad. El republicano primero los acusó de ser la mano negra del 11-S y les recriminó que Estados Unidos hubiese malgastado “tremendas cantidades de dinero” en su defensa.

A su vez, Trump pateó el tablero del consejo de seguridad  y denunció el acuerdo preliminar. El hecho produjo la aplicación de nuevas sanciones contra Irán y a su vez la restitución de la confianza de Arabia Saudita en su en su voluble aliado.

Adel Al Yubeir ministro de Relaciones exteriores celebró que Trump haya decidido “devolver América a la senda correcta” tras los profundos recelos que despertó el acercamiento de Barack Obama a su archienemigo iraní y la firma del acuerdo nuclear.

Al son de Pompa y Circunstancia, los árabes recibieron a Trump en lo que fue su primer viaje a Medio Oriente. Luego de su asunción llegó a Riad con un contrato de venta de armas bajo el brazo: 110.000 millones de dólares negociados por su yerno Jared Kushner.

Según Adel Al Yubeir ministro de Relaciones exteriores, se trata de un acuerdo “histórico” y “sin precedentes” para el reino saudí, pero Al Jubeir advirtió que si se sigue adelante con la ley que permite a los norteamericanos accionar contra Arabia por los daños del 11/S, se verían forzados a vender US$ 750.000 millones en activos estadounidenses.

Sorpresa

Luego de las reuniones en Malasia, Riad y Moscú, los miembros de la Opep acordaron seguir con las cuotas actuales, con la consecuente rabieta de Trump que atacó directamente a la OPEP, a la que urgió a bajar los precios del crudo.

“Protegemos a los países de Oriente Medio, no estarían seguros por mucho tiempo sin nosotros, y sin embargo continúan empujando más y más alto los precios del petróleo”, tuiteó hoy el mandatario, quien agregó que “El monopolio de la OPEP debe bajar los precios de inmediato!”.

Rusia, que esta fuera de la OPEP fue convocado por la Casa Blanca para que aumente en al menos 2 millones de barriles diarios su producción para reducir el precio. No trascendió a cambio de qué ni tampoco la respuesta de Moscú.

Irán viene exportando alrededor de 2,5 millones de barriles por día de petróleo en lo que va del año, pero se estima que cuando entren en vigor las sanciones de EE.UU. el 1 de noviembre, las exportaciones podrían caerán en por lo menos 1 millón de barriles. Es decir las sanciones reducirán la oferta de crudo.

El otro sancionado, Venezuela es uno de los productores que más redujo la oferta y en los últimos tres años redujo su producción de 2,9 millones de Bb/d a 1,9 millones de Bb/d, según fuentes de la Opep. Pero Trump no ha pedido el aumento de la producción venezolana, sino que se vaya Maduro.

Se cree que una prolongada guerra comercial entre Washington y China podría frenar el crecimiento de la demanda global. Aún no hay señales de tal hipótesis.

Por otra parte, también hay datos de que EE.UU. está reduciendo la producción. Según Baker Hughes, las petroleras cerraron 9 plataformas de perforación durante septiembre, con un total de 860, siendo ésta la mayor reducción desde mayo de 2016.

Donald Trump ha roto con una cierta tradición de previsibilidad política y diplomática de los Estados Unidos. Declaraciones altisonante, en algunos casos disparatadas, acompañadas de acciones en el sentido opuesto impiden al mundo político internacional prever por donde va a “saltar la liebre”.

Un reclamo de baja de precio del crudo lanzado al ágora, como lo hace Trump, parece cosechar efectos opuestos. Mientras tanto el precio del crudo continúa creciendo a paso cansino.

La caída de las reservas mundiales y las señales políticas y de mercado no parecen insinuar que el precio del crudo vaya a descender. La Argentina hoy no está inmune a una potencial escalada del precio internacional.

¿Estarán previstos los mecanismos de defensa y estabilidad ante un eventual aumento desproporcionado del precio internacional del crudo? E caso de que sucediese. ¿el gobierno podría alegar sorpresa?

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