Nubarrones geopolíticos sobre el mercado internacional del petróleo

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El precio internacional del barril del petróleo crudo alcanzó, hace sólo algunas semanas, los 80 dólares por barril. Ello no ocurría desde el año 2014. En la actualidad, ese precio continúa fluctuando en torno a los 75 dólares el barril.

Emilio J. Cárdenas (*)

La novedad es que Arabia Saudita impulsó y logró cerrar un acuerdo en virtud del cual se incrementará enseguida la oferta internacional de petróleo crudo. Ello teóricamente debiera presionar el precio internacional a la baja. Pero sucede que, en este momento al menos, las cosas para el petróleo crudo son complejas. Esto es, existen factores de orden geopolítico que o han modificado el escenario, o generan incertidumbre.

Veamos cuáles pueden ser –sintéticamente- esos factores. Primero, la situación de la destruida Venezuela, que a lo largo del último año ha visto reducir su oferta al mercado por razones realmente inusuales.

Ellas incluyen ciertamente el impacto de las sanciones económicas que le han sido impuestas, pero además a ello se suman la ineptitud de quienes en la actualidad conducen a la petrolera estatal y el caos general en que está sumida la devastada economía venezolana.

Segundo, la situación de Irán, que tiene un acuerdo en materia nuclear alcanzado en el año 2015 con la comunidad internacional, del cual el presidente Donald Trump, sorpresiva y unilateralmente, ha excluido a los Estados Unidos, razón por la cual se presume que muy pronto este país volverá a sancionar económicamente a Irán, con la posibilidad de afectar severamente sus exportaciones.

Tercero, en el norte de África, Libia sigue siendo un gigantesco caos, pese a lo cual había hasta ahora podido mantener una producción de su excelente petróleo crudo del orden del millón de barriles diarios.

Sin embargo, en las últimas semanas se incrementaron sorpresivamente las confrontaciones armadas internas, como resultado de lo cual su producción de petróleo crudo disminuyó a poco más de la mitad de la cifra antes señalada y sus instalaciones portuarias resultaron, una vez más, dañadas.

En los tres casos antes comentados existe entonces una incógnita seria respecto del futuro y la pregunta, en todos los casos, es: ¿podrán los países mencionados mantener su actual volumen de oferta de petróleo crudo? Las dudas más importantes tienen por ello que ver específicamente con el futuro de Venezuela, Irán y Libia, países que presentan situaciones domésticas de alta peligrosidad; esto es el riesgo cierto de disminuir repentinamente sus respectivas ofertas de petróleo crudo al mercado internacional.

Esas son las “señales rojas” de orden geopolítico a las que aludíamos precedentemente. Pero ocurre que hay asimismo otro cambio importante, pero de sentido positivo. Me refiero, en este caso, a la producción norteamericana de petróleo crudo a partir del llamado “shale”, que ha vuelto a permitir que EEUU sean nuevamente exportadores de petróleo crudo.

La producción norteamericana ha estado creciendo ininterrumpidamente a lo largo de más de un año. No obstante, hay quienes afirman que esa producción está ahora enfrentando una suerte de debilidad o limitación en su estructura de transporte, que no se resolvería hasta bien entrado el año próximo.

El gran interrogante es ¿si de pronto algunos de los principales productores mencionados sufriera un cimbronazo interno, cuán factible es que la reducción de su oferta petrolera pueda ser rápidamente reemplazada por otros exportadores de petróleo crudo?

Para algunos, los países de la OPEP tienen un margen de exportación no utilizado de más de 3.5 millones de barriles diarios. Esa capacidad de exportación no utilizada se edifica en torno a lo que de pronto pueda hacer Arabia Saudita, productor al que se le adjudica la mayor parte de la capacidad exportadora adicional no utilizada. Sus aliados árabes del Golfo y Rusia tienen también la posibilidad de incrementar rápidamente la oferta al mercado internacional de petróleo crudo, aunque con volúmenes menos significativos.

Precisamente por lo antedicho, es que la noticia de un pronto aumento de la oferta internacional de petróleo crudo del orden de un millón de barriles diarios no ha derrumbado al precio internacional del petróleo crudo, manteniéndolo en el orden antes referido de los 75 dólares el barril.  Quizás porque parecería que el andar conjunto de Arabia Saudita y Rusia asegura, al menos, el corto plazo. El eje conformado por los mencionados dos grandes exportadores de petróleo crudo tiene músculo. O sea, reservas y excedentes disponibles para, de ser necesario, impactar en el mercado.

El rol de “productor equilibrante” que durante tantos años ha jugado Arabia Saudita en soledad no ha desaparecido, entonces. En rigor, hoy podrían existir dos productores equilibrantes. Precisamente Arabia Saudita y Rusia, que parecen haber conformado una “entente” funcional que el mercado tiene por poderosa y capaz de impactarlo sensiblemente.

Queda visto que los factores geopolíticos capaces de influenciar el precio del barril de petróleo crudo son identificables. La necesaria coordinación política entre los exportadores pareciera existir y ser capaz de impactar en el nivel de precio internacional del petróleo crudo. Por eso el “plateau” en materia de precios. Pero sucede que los escenarios geopolíticos son siempre cambiantes y que los agentes económicos saben bien que ello es así.

Por esto último, informados en tiempo real pueden moverse más allá de lo predecible y generar de pronto turbulencias que dependen de su acierto o error en la evaluación del futuro. No pueden descartarse.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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