Las fuentes renovables ¿porqué no bajan el costo de generación?

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Según la prestigiosa Forbes, los medios han publicado historia tras historia sobre el precio decreciente de paneles solares y turbinas eólicas.

Los lectores de estas historias, quedan con la impresión de que cuánto más energía eólica y solar produzcamos, más bajos serán los precios de la electricidad. Y sin embargo, eso no es lo que está sucediendo. De hecho, es todo lo contrario.

Entre 2009 y 2017, el precio de los paneles solares por vatio disminuyó en un 75 por ciento, mientras que el precio de los aerogeneradores por vatio  disminuyó en un 50 por ciento.

Y, sin embargo, durante el mismo período, el precio de la electricidad en lugares que se instalaron potencia significativa de fuente renovable aumentó drásticamente. Sin ir más lejos, con cruzar el charco ya tendremos una idea de lo que cuesta el viento.

Los precios de la electricidad aumentaron: 51 por ciento en Alemania durante su expansión de la energía solar y eólica de 2006 a 2016; 24 por ciento en California durante su construcción de energía solar desde 2011 hasta 2017; más del 100 por ciento en Dinamarca desde 1995 cuando comenzó a desplegar energías renovables (principalmente eólica).

¿Qué significa? Si los paneles solares y las turbinas eólicas son más baratos, ¿por qué el precio de la electricidad aumentó en lugar de disminuir? 

Hipótesis

Podría haber sucedido que, si bien la electricidad de fuente solar y eólica se hizo más barata, otras fuentes de energía como el carbón, la energía nuclear y el gas natural aumentaron sus costos, eliminando cualquier ahorro y elevando el precio final de la electricidad. Pero, nuevamente, eso no fue lo que sucedió.

El precio del gas natural disminuyó en un 72 por ciento en los EE. UU. entre 2009 y 2016 debido a la revolución del fracking, entre otros factores. En Europa, el precio del gas natural cayó poco menos de la mitad durante el mismo período.

El precio de la energía nuclear y del carbón en esas regiones durante el mismo período fue mayormente “flat”. Por su parte, los precios de la generación, aumentaron un 24 por ciento en California durante el período de mayor instalación de parques de energía solar desde 2011 hasta 2017.

Otra hipótesis podría ser que el cierre de plantas nucleares dio como resultado precios de energía más altos.

La evidencia de esta hipótesis proviene del hecho de que los líderes en energía nuclear, Illinois, Francia, Suecia y Corea del Sur disfrutan de la electricidad más barata del mundo.

Desde 2010, California cerró una planta nuclear (2.140 MW de capacidad instalada) mientras que Alemania cerró 5 plantas nucleares y 4 otros reactores en las plantas actualmente en operación (10.980 MW en total), aunque corresponde mencionar que esa energía fue sustituida por carbón.

La electricidad en Illinois es 42 por ciento más barata que la electricidad en California, mientras que la electricidad en Francia es 45 por ciento más barata que la electricidad en Alemania.

Pero esta hipótesis se ve socavada por el hecho de que el precio de los principales combustibles de reemplazo, el gas natural y el carbón, se mantuvo bajo, a pesar del aumento de la demanda de esos dos combustibles en California y Alemania. Eso nos deja con la energía solar y eólica, como los sospechosos de los altos precios de la electricidad. Pero, ¿por qué los paneles solares y las turbinas de viento serían más caros? La razón principal parece haber sido pronosticada por un joven economista alemán en 2013.

En un documento sobre Política Energética, Leon Hirth estimó que el valor económico de la energía eólica y solar disminuiría significativamente a medida que se convirtieran en la mayor parte de la energía generada.

¿La razón? Su naturaleza fundamentalmente no confiable. Tanto la energía solar como la eólica producen demasiada energía cuando las sociedades no la necesitan, y no lo suficiente cuando la necesitan. Por lo tanto, la energía solar y la eólica requieren que las plantas de gas natural, las represas hidroeléctricas, y cualquier otra fuente de energía gestionable, estén listas en cualquier momento para comenzar a producir electricidad cuando el viento deja de soplar y el sol deja de brillar.

Y la falta de fiabilidad requiere lugares con energía solar y/o viento como Alemania, California y Dinamarca para remunerar a los estados vecinos para que tomen su energía solar y eólica cuando están produciendo sin demanda.

Hirth predijo que el valor económico de la energía eólica en la red europea disminuiría un 40 por ciento una vez que se convierta en el 30 por ciento de la generación, mientras que el valor de la energía solar bajaría en un 50 por ciento cuando llegara al 15 por ciento.

Hirth predijo también, que el costo de generación con viento disminuiría un 40% una vez que alcance el 30% de la matriz eléctrica,  y que el valor de la energía solar se reduciría en un 50% cuando alcanzara el 15% de la electricidad.

En 2017, la participación eólica y solar en la matriz eléctrica fue del 53 por ciento en Dinamarca, el 26 por ciento en Alemania y el 23 por ciento en California. Dinamarca y Alemania tienen el primero y la segundo costo más alto de Europa.

El desconocimiento de los periodistas sobre la materia, es alarmante, o mejor dicho forma parte del “relato”, y al informar sobre los costos decrecientes de los paneles solares y las turbinas eólicas, omiten adicionar la información sobre cómo aumentan los costos de generación intencionalmente o no, se engaña a políticos y al público acerca del impacto en la factura como consecuencias de la instalación de esas dos tecnologías.

Los Angeles Times informó el año pasado que los precios de la electricidad de California estaban aumentando, pero no logró conectar el aumento de los precios a las energías renovables, lo que provocó una fuerte refutación del economista de UC Berkeley James Bushnell.

“La historia de cómo el sistema eléctrico de California llegó a su estado actual es larga y sangrienta”, escribió Bushnell, pero “el impulsor de la política dominante en el sector de la electricidad ha sido indiscutiblemente un foco en el desarrollo de fuentes renovables de generación de electricidad”.

Parte del problema es que muchos reporteros no entienden la electricidad. Piensan en la electricidad como una mercancía cuando, de hecho, es un servicio, como comer en un restaurante.

El precio que pagamos por el lujo de comer fuera no es sólo el costo de los ingredientes, la mayoría de los cuales, como los paneles solares y los molinos eólicos, han disminuido durante décadas.

Más bien, el precio de los servicios como comer fuera y la electricidad refleja el costo no sólo de unos pocos ingredientes sino también su preparación y entrega. Este es un problema de parcialidad, no sólo del analfabetismo energético. Los periodistas normalmente escépticos rutinariamente dan paso a las energías renovables. La razón no es porque no saben cómo informar críticamente sobre la energía, lo hacen regularmente cuando se trata de fuentes de energía no renovables, sino tal vez, porque no quieren hacerlo.

Eso podría -y debería – cambiar. Los periodistas tienen la obligación de informar de manera precisa y justa sobre todos los temas que cubren, especialmente aquellos tan importantes como la energía y el medio ambiente.

Un buen comienzo sería que investigaran por qué, si la energía solar y eólica son tan baratas, están haciendo que la electricidad sea tan cara

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