Una defensa de Transener

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El jefe de la Unión Cívica Radical (UCR) y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, criticó esta semana que no se puede discutir con el ministro de Energía, Juan José Aranguren, porque es un hombre que no escucha y no cede a sus interlocutores.

En esa línea, el ex secretario de Energía radical, Jorge Lapeña, volvió esta semana a exponer argumentos para dar marcha atrás con la privatización de Transener, que el presidente Mauricio Macri y Aranguren decretaron después de las elecciones de octubre (Decreto 882/2017, publicado en el Boletín Oficial el 1 de noviembre pasado). Esa polémica norma, además, habilitó la venta de centrales eléctricas que estaban en manos del Estado, así como el cambio de nombre de las represas hidroeléctricas de Santa Cruz.

El Estado, a través de Enarsa, controla junto a Pampa Energía el 50% de Citelec, que a su vez tiene a partir del 2016 el 52% de Transener. Según la visión del Instituto Argentino de la Energía (IAE) General Mosconi, el segmento del transporte eléctrico tiene características de monopolio natural, por lo que debe ser obligatoriamente regulado por el Estado. No obstante, agrega que a la concesión de Transener le quedan todavía 68 años, en los que obtendrá enormes ganancias, debido a la ampliación en la generación que se encara desde los primeros meses de la administración Cambiemos.

Transener es un activo estratégico, con muy bajo riesgo empresarial, y tendrá todavía mayores negocios en los próximos años, con la entrada en operaciones de más centrales térmicas y, sobre todo, parques de energía eólica y solar. Así planteado, no quedan dudas de que la venta a manos privadas es sinónimo de que el Estado relega oportunidades para que otros se lleven enormes sumas de dinero, en su perjuicio. Para Aranguren, sin embargo, “aquello que pueda ser realizado por un privado no debería ser realizado por un Estado”, según fue la fuerte respuesta que le hizo en una misiva a la UCR, que protesta desde hace meses por este tema.

En cambio, para Lapeña, “la privatización de los años ’90 en este segmento resultó un fracaso”. Aunque el documento postula que este “error” puede todavía ser reparado “si se actúa con honestidad intelectual, sin vanas obstinaciones y con grandeza política”, parece que las cartas ya están jugadas.

Aquí se puede acceder al informe.

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