Las fuentes alternativas pierden la carrera frente a las convencionales

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Los esfuerzos no parecen suficientes y las convencionales mantienen y aumentan su participación en la matriz eléctrica.

Como la utopía de Tomás Moro, el objetivo de alcanzar el 8% de contribución de las energías renovables a la matriz eléctrica se aleja todos los días, un pasito más. Los últimos datos de Cammesa muestran un elocuente indicador: la potencia instalada en los últimos dos años se debe casi exclusivamente a la instalación de centrales eléctricas que funcionan con turbinas abastecidas con gas natural, lo que incrementa la proporción de los hidrocarburos en la matriz energética desbaratando el preciado objetivo del 8%.

El último informe mensual -actualizado a diciembre de 2017- de la sociedad mixta que administra el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) indica que la potencia instalada alcanzó los 36.505 MW y más del 63 % corresponde a fuente de origen térmico. Entre la provincia de Buenos Aires y el Litoral se encuentra el 47% de la potencia total del país, lo que habla de la escasa federalización de los recursos.

En concreto, 22.896 MW de la potencia instalada total (62,7%) es térmico, con un fuerte incremento de los ciclos combinados desde 2015.

Las energías renovables, en cambio, solo tienen 753 MW, un 2%. En dos años, se instalaron más ciclos combinados que el total de renovables y por eso cabe preguntarse si, con este ritmo, no se está más lejos de la meta en lugar de acercarse aunque sea, unos pasos más. Sin ser concluyentes, en el Ministerio de Energía señalaron que este año entrarán 26 plantas renovables en operación, lo que ayudará a avanzar en ese sentido, en otro año en el que según los expertos tampoco se cumpliría la meta del 8%. No obstante, según un informe de la consultora KPMG, las inversiones previstas para los próximos años son mayores en térmicas que en renovables: para el periodo 2017-2025 entrarían US$ 9.927 millones para energía térmica contra US$ 6.984 millones para renovables. En el medio también habrá US$ 14.463 millones para hidroeléctricas (ésta sí, renovable y de las clásicas) y US$ 10.921 millones para energía nuclear. Es curioso que justamente la tecnología que se quiere desarrollar sea la que menos desembolsos tenga pronosticados.

A fines de 2015, cuando asumió el nuevo Gobierno, había una potencia instalada de 32.816 MW, algunos con escasa disponibilidad, y en el verano no estuvo asegurado el abastecimiento eléctrico. Por el ingreso en los siguientes dos años de 1.209 MW de ciclos combinados y otros 1.411 MW de turbinas a gas, los eventuales problemas en la generación se superaron, pero alejaron también el horizonte de las renovables. En ese mismo período, tan solo 119 MW de las “energías verdes” se sumaron al sistema.

Rosana de Giuseppe, abogada con Magister en Energías Renovables de la consultora Grenn Oil, opinó: “Hay que dar un vuelco en la generación de energía. No soy tan optimista como otros. Aplaudo los cambios que se hicieron y hay que esperar que los parques se construyan y funcionen como corresponde”. “Los inversores extranjeros ven poco serio las demoras en la firma de los PPA” (contrato de abastecimiento), agregó.

“Hay que cambiar la convocatoria, porque, si no, va a ser difícil llegar al 8% de contribución de las renovables. Hay que dar otro empujón y la industria nacional está un poco rezagada”, dijo De Giuseppe.

Error de cálculo

El trader Juan Bosch, de Saesa, amplió: “Hay un tema de tiempos de instalación. En 2015, cuando asumió el Gobierno, la potencia instalada no alcanzaba a cubrir la demanda y se declaró la emergencia eléctrica, lo que motivó acciones para instalar más. Así se aceleró brutalmente para licitar e instalar centrales térmicas de disponibilidad rápida, de emergencia”.

“El cálculo inicial del ministro de Energía, Juan José Aranguren, fue que se iban a incorporar en los siguientes diez años unos 20.000 MW, la mitad de renovables y la otra de convencionales. Obviamente que antes entraron las térmicas, que buscaron celeridad y tienen plazos más cortos de construcción. En las renovables, en cambio, se buscó precios más bajos. Había un incentivo a instalarse antes, pero primó la estructura financiera sofisticada”, contó Bosch.

En la actualidad hay firmados contratos por 3.000 MW térmicos que algunos van a desplazar otros más antiguos, porque no todos se adicionan, según el trader.

“También hay contratos por 4.000 MW de renovables que se instalarán en los próximos meses y van a ir ocupando ese lugar. Hay que tener en cuenta la prioridad de despacho. La ley obliga a despachar primero las renovables (siempre que haya sol y viento). Es caro tener disponibilidad de potencia y tener un sistema eléctrico más seguro”, analizó.

Con todo, para Bosch “los plazos que dice el Gobierno son un poco optimistas. Cauchari podría no conectarse en mayo sino mucho más adelante. Habría que ver si es por la construcción o por la conexión a la red y no se sabe si el Estado va a poder pagar por eso. Si no se conecta, seguiremos pagando energía renovable cara, a unos US$ 140 / MWh”.

“No estoy seguro de que sea viable que los 26 en construcción entren este año, hay algunos que están definiendo todavía la financiación”, continuó el titular de Saesa.

Por su parte, el ex ministro de Energía mendocino Marcos Zandomeni evaluó: “La capacidad de aumentar MW renovables es baja. El puente entre las energías renovables y el presente es de hidrocarburos. Nunca se puede ir rápido para llegar a ese futuro que todo ansiamos, no hay forma. No se puede por precios, por infraestructura o por tecnologías”.

“Hay acciones repetidas para aumentar MW de renovables y se van resolviendo baches legales, como la generación distribuida. Todo suma, se va moviendo, pero los resultados van a tardar y vamos a tener que aprender de los errores en el camino. Hubo un cambio de ritmo, los funcionarios escuchan a los privados, pero no se sabe cuándo se llegaría al 8%, aunque estamos en un lento camino hacia esa dirección”, graficó.

“No se hacen más MW de renovables porque se promociona mucho el precio bajo pero después no se construye el parque, porque quien gana la licitación no es un inversor con capacidad, sino intermediarios”, explicó Zandomeni respecto a los problemas de financiación que muestran algunos proyectos.

Para Marcelo Álvarez, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), habrá serios problemas para alcanzar la meta del 8% se no hay inversiones urgentes en redes de transmisión eléctrica de baja tensión. “Soy muy crítico con lo que fue el comienzo de la actual gestión desarrollando la energía térmica. En renovables van lentos los contratos y la financiación. Creo que el objetivo del 8% difícilmente se alcance incluso en 2019, pero es muy probable llegar al del 20% en 2025, porque los acuerdos entre privados y la generación distribuida va a sumar mucho”, consideró.

Asimismo, Álvarez dijo que las próximas licitaciones que encare el ministerio deberían adjudicar casi exclusivamente los proyectos chicos, de escasos MW, hasta que no se concreten las inversiones en las redes de transporte eléctrico.  “Algunos de los grandes proyectos se van a caer porque tienen ofertas temerarias, pero sucede en todo el mundo”, pronosticó.

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