La historia del descubrimento de la formación petrolera Vaca Muerta

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Biografía de Charles Edwin Weaver y su aporte a la geología de la Cuenca Neuquina.- 

Escribe Analía Essayag (*)

Cuando se están cumpliendo 110 años que Argentina ingresó al selecto grupo de países poseedores de petróleo vale la pena el reconocimiento a  Charles Weaver quien de manera fortuita descubrió el yacimiento Vaca Muerta, una de las grandes promesas de la industria hidrocarburífera en la actualidad

En pleno boom de las energías renovables, dónde el Programa RenovAR – Programa de Energías Renovables – Argentina 2016/2025 – un ambicioso proyecto que el Gobierno Nacional lanzó a mediados del año 2016 a través del Ministerio de Energía y Minería y la Subsecretaría de Energías Renovables – ha alcanzado en magnitud de proyectos presentados y adjudicados el eventual sueño de poder revertir en los próximos veinte años el déficit energético que nuestro país arrastra desde mediados del año 2004; resulta difícil volver a hablar hoy de la formación “Vaca Muerta” y la importancia de explotar recursos de reservorios “no convencionales” con los que cuenta nuestro país en gran cantidad en su subsuelo.

Pasado el fenómeno inicial que en sí significó para nuestro país y para el mundo, el redescubrimiento de la formación “Vaca Muerta”, motivado en parte quizás a los cálculos de reservas y exitosos métodos no convencionales de extracción de hidrocarburos, Argentina hoy continua trabajando en esa gran potencial y la expectativa sigue siendo importante. Más cautos y con menos prensa que hace unos años, la búsqueda de inversiones no ha cesado y las empresas petroleras no han dejado de concentrar esfuerzos e invertir  dinero en exploración y extracción de hidrocarburos de reservorios no convencionales.

Incluso desde el Gobierno Nacional con el acuerdo de los sindicatos y los empresarios del sector petrolero impulsó la realización de cambios en los convenios laborales buscando la reducción de costos que permita atraer más inversiones dentro del sector por aproximadamente U$S 5 mil millones.

Cabe aclarar una vez más que cuando hablamos de “Vaca Muerta” a menudo se incurre en el continuo error de decir que es un yacimiento. Vaca Muerta no es un yacimiento de hidrocarburos, es una formación geológica y sedimentaria muy profunda depositada en un mar de edad jurásica que recorre la mayoría de la Cuenca Neuquina, provincia de Neuquén, con una superficie total de unos 30.000 kilómetros cuadrados que se extiende por el suroeste de la provincia de Neuquén, el oeste de la provincia de Mendoza, el sur de la provincia de Río Negro y el centro de la provincia de La Pampa. Fue denominada con ese “curioso” nombre hace ya muchos años por Charles Edwin Weaver, un brillante geólogo americano que la encontró aflorando en toda la sierra de Vaca Muerta.

También se ha expresado en más de una oportunidad que tratándose de hidrocarburos convencionales o no convencionales, ambos provienen de una roca madre o generadora llamada en inglés “shale” o “esquisto” en español -, pero que la diferencia fundamental entre ambos es que mientras los convencionales migraron a reservorios más cercanos a la superficie, los no convencionales permanecen atrapados en el shale a mayor profundidad.

De ahí la necesidad de recurrir al procedimiento denominado “estimulación hidráulica”, “fractura hidráulica” o “fracking” para poder romper la roca y extraer el gas y el petróleo – shale gas o shale oil – contenidos en la misma.

Este proceso es más caro que la extracción convencional y requiere más tiempo y tecnología especializada. Además de la constante inyección de aditivos químicos y grandes volúmenes de agua, con eventuales consecuencias ambientales en constante debate y discusión.

El Comienzo

En la historia de la formación “Vaca Muerta” se debe hablar en realidad, de dos etapas o dos tiempos. La primera de ellas, vinculada al descubrimiento de la formación en sí, y una segunda etapa, que tuvo lugar casi ochenta años después, dónde en base a los estudios ya realizados y documentados sobre la formación de la Cuenca Neuquina, se determinó la viabilidad del recurso y realizadas las primeras perforaciones con resultados más que satisfactorios, se anunció públicamente el descubrimiento no convencional más importante de la historia no sólo de nuestro país sino a nivel mundial.

Reseña Biográfica de Charles Edwin Weaver

Si el sueño de la Argentina se hace realidad y nos convertimos en una “potencia energética” con reservas en gas y petróleo como se estima para los próximos setenta años, todo eso se lo vamos a deber en principio a una sola persona: Charles Edwin Weaver.

Charles Edwin Weaver (1880 -1958) fue un brillante geólogo que hace ya casi ochenta años atrás fue quién descubrió la presencia de una “roca generadora” o “roca madre” en las laderas de la Sierra de Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén, mientras realizaba estudios de campo para la compañía Standard Oil of California (en la actualidad la empresa “Chevron”). Weaver, de hecho, recorría las provincias de Mendoza y Neuquén desde hacía muy poco tiempo, prospectando el prometedor territorio.

Nacido en Dearfield, en el estado de Nueva York, el 1º de mayo de 1880, Weaver era el hijo mayor de una familia de inmigrantes holandeses, los primeros en arribar al condado de Oneida. Aficionado desde su juventud al estudio de las matemáticas, la historia y los idiomas, a los 20 años ingresó en la Universidad de California en Berkeley dónde recibió su título de Licenciado en Ciencias en 1904 (BSc) y el título de Doctor (PhD) en Geología y Paleontología en 1907. Obtenido su doctorado, Weaver ingresó como docente en el Departamento de Geología de la Universidad de Washington, en Seatle. En 1912 fue promovido a profesor adjunto, en 1918 a profesor asociado y finalmente en el año 1921 fue nombrado profesor titular de esa prestigiosa universidad.

Paralelamente al dictado de clases en la Universidad de Washington, formó parte de un equipo de geólogos con misiones en Alaska, que fueron organizadas por el Servicio Geológico de Estados Unidos durante los veranos de 1906 y 1907.

También fue contratado por el Servicio Geológico del estado de Washington dónde se le encomendó la tarea de mapear y analizar las unidades aflorantes en la costa estatal. Sus aportes han contribuido a la geología, estratigrafía y paleontología de la región, incluyendo a las penínsulas Kitsap y Olímpicas.

A lo largo de su vida, realizó también una variada actividad profesional en diferentes organizaciones americanas y extranjeras, lo cual refleja su ávido interés por el desarrollo de las Ciencias de la Tierra. También fue miembro de la Washington Academy of Sciences, California Academy of Sciences, Paleontologie Gesellschaft y Societé Geologique de France.

Entre los años 1919 y 1926, Weaver, un hombre particularmente inquieto para dedicarse únicamente a la vida académica, tomó licencia en la Universidad y fue contratado por la compañía Standard Oil de California, hoy “Chevron”, para realizar tareas de exploración y prospección de yacimientos de hidrocarburos en Latinoamérica.

Este reconocimiento por parte de la compañía se debió en parte a su gran interés por la aplicación de los conocimientos puramente científicos en problemas concretos relacionados con la actividad económica. Y es así que entre los años 1919 y 1921 visitó distintos países latinoamericanos, abarcando un extenso territorio desde la Argentina hasta Panamá.

Sin embargo, sólo realizó trabajos exhaustivos en nuestro país, atraído quizás por las excelentes exposiciones, los grandes espesores del Mesozoico andino y el boom económico y petrolero que se vivía en aquel entonces. En esos tiempos, la Argentina se encontraba atravesando un período de “fiebre petrolera”. Aunque abarcó un período relativamente corto, entre los años 1918 y 1923 se produjo el ingreso masivo de capitales extranjeros en los yacimientos y se establecieron más de treinta compañías para adquirir permisos de explotación en el país.

En 1922, por primera vez en la historia energética de la Argentina, se consumió más petróleo que carbón y leña, que eran los combustibles por excelencia más utilizados hasta ese momento. Asimismo, la Argentina experimentó un crecimiento de 17% en la actividad económica con respecto a la preguerra, con inversiones y exportaciones en expansión.

También se dió comienzo a la puja entre los Estados Unidos y el Reino Unido por el control de poder a base de petróleo. El mundo del ferrocarril y el carbón eran reemplazados por el automóvil y el petróleo. Esta puja se trasladó a Latinoamérica, dónde la Primera Guerra Mundial había reducido significativamente las reservas de carbón y el Departamento de Geología de los Estados Unidos había pronosticado que para fines del año 1935 el país se quedaría sin petróleo.

En este contexto particular, la petrolera británica Anglo Persian – hoy la “British Petroleum” – ya estaba radicada en la Argentina. La Royal Dutch Shell estaba en búsqueda de nuevas oportunidades en nuestro país. Y para ese entonces, el general-ingeniero Enrique Mosconi presidia Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), que había sido fundada un año antes.

Ese mismo año, el Bureau of Foreign Domestic and Commerce de Estados Unidos publicó un informe sobre el petróleo argentino y concluyó que nuestro país iba a convertirse en uno de los grandes productores petroleros del mundo. No es extraño que en este contexto de crecimiento, Weaver se encontrara en nuestro país y fue en abril de 1923 que comenzó a escribir un largo trabajo de campo en la Cuenca Neuquina.

El trabajo no fue nada fácil tomando en cuenta que no manejaba bien el idioma castellano, la infraestructura disponible en la zona era escasa y no podía conducir automóviles debido a su daltonismo. Con la ayuda de un grupo selecto de colaboradores de campo, todos americanos, mapeó grandes áreas, tomó valiosos datos estratigráficos y juntó una colección de invertebrados fósiles muy importante de miles de especímenes.

Como resultado de esta investigación científica realizada en Argentina, en 1931 publicó una monografía sobresaliente como la “Memoir 1 University of Washington” bajo el nombre de “Paleontology of the Jurassic and Cretaceous of West Central Argentina”.

Culminados sus trabajos sobre el Mesozoico de Argentina, Weaver regresó a Estados Unidos y visitó distintos museos con el firme propósito de estudiar los fósiles que había recolectado, para viajar después a Alemania dónde continuar con su investigación. De regreso continuó trabajando sobre la estritagrafía y paleontología de los estados de California, Oregón y Washington. Estaba particularmente interesado por la bioestratigrafía del Terciario utilizando moluscos y microfósiles.  A lo largo de los 43 años de carrera como docente tuvo una prolífica labor de investigación. Publicó resúmenes, informes, artículos y monografías en memorias, revistas y boletines científicos de alto nivel académico como “American Associaton of Petroleum Geologists Bulletin”; “Memoirs”; “Proceedings y Bulettins of the Geological Society of America”; “Pan-American Geologist”; “Proceedings of the California Academy of Sciences”; “Journal of Geography”; “University of California Publications in Geological Sciences” y American Journal of Science”. 

Asimismo, publicó obras de envergadura sobre estratigrafía, paleontología e incluso sobre recursos minerales de la costa oeste de los Estados Unidos, sólo a título ejemplificativo podemos mencionar: “The mineral resources of Stevens County” (1920); “Tertiary stratigraphy of western Washington and northwestern Oregon” (1937) y “Paleontology of the marine Tertiary formations of Oregon and Washington” (1943).

Weaver y sus aportes 

Dos han sido las principales contribuciones que Weaver publicó sobre la estratigrafía y la paleontología de la Cuenca Neuquina. La primera de ellas, publicada en el año 1927, refiere a un estudio estratigráfico y paleontológico de la “Formación Roca”, la cual fue nominada por primera vez.  Allí se analiza la paleogeografía de la cuenca durante el Cretácico Tardío y se confirma la conexión de la cuenca con el océano Atlántico. Para ello realizó perfiles estratigráficos de la Formación Roca en Malargüe, Sierra de Huantraicco, Jagüeles-Auca-Mahuida y en la localidad tipo de la unidad ubicada unos 10km al norte de la ciudad de General Roca.

La segunda y más importante contribución es la monografía sobre el Jurásico Cretácico de la Cuenca Neuquina publicada en 1931. Este informe consta de 469 páginas de texto, 52 láminas de fósiles, con un total de 11 mapas paleogeográficos, 5 láminas con fotos de afloramientos, un corte geológico y una lámina plegable con los perfiles realizado a una de escala 1:5000.

En esta monografía se analizan la estratigrafía y paleontología desde el Jurásico Inferior hasta el Cretácico Superior, abarcando los territorios ubicados desde Malargüe en Mendoza hasta Piedra del Águila en Neuquén. Se describe la sucesión sidementaria de los Grupos Cuyo, Lotena, Mendoza, Bajada del Agrio, Neuquén y Malargüe.

Ubicación de los perfiles medidos por Weaver (1931)

También se discute la distribución y los contactos entre las unidades sobre la base de 17 perfiles, dos de ellos ubicados en Mendoza, cerca de Malargüe, mientras que los restantes se ubican en Neuquén entre las ciudades de Chos Malal y Piedra del Aguila.  Estos perfiles abarcan las secuencias jurásicas a cretácicas tempranas, sin embargo, algunos comienzan en el basamiento paleozoico de la cuenca y llegan hasta el límite K/T como el de Cañada Colorada en Mendoza. Más allá de estos perfiles, Weaver visitó y colectó material en una infinidad de niveles y localidades que fueron correlacionados lateralmente con algunos de los perfiles medidos.

En cuanto a la estratigrafía, Weaver nominó unidades litoestratigráficas jurásicas y cretácicas que aún siguen en vigencia tales como las Formaciones Los Molles, Las Lajas, Lotena, Auquilco, Vaca Muerta, Quintuco, Mulichinco y Agrio.

Los trabajos que Weaver llevó adelante en las provincias de Neuquén y Mendoza duraron un total de tres años y se desarrollaron entre abril de 1923 y abril de 1925. Contaba con datos e información suficiente para la realización de un mapa geológico de la Cuenca Neuquina, sin embargo, por alguna razón no lo publicó.  Al parecer y ya de vuelta en los Estados Unidos, habría entregado su informe a la Standard Oil acompañado por un mapa de la región. Hasta la fecha el mapa con referencias geológicas no ha podido ser ubicado a pesar de su intensa búsqueda.

El Informe “Weaver”. 

El Informe clave

El “Weaver”, como se lo conoce al documento fundacional en el mundo académico, sigue siendo el trabajo estratigráfico y paleontológico más importante desarrollado en la Cuenca Neuquina, y el  más utilizado para saber cuál es la riqueza petrolera y paleontológica de la región, por su volumen, la calidad de las descripciones e interpretaciones realizadas.

Es material de estudio obligado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y material permanente de consulta de los geólogos profesionales.

Este informe es en el que aparece por primera vez el registro de la formación de Vaca Muerta y es considerado aún hoy uno de los mapeos geológicos más importantes de la Cuenca Neuquina.  Weaver no fue el único que puso sus ojos sobre esta Formación, años más tarde, el Dr. Pablo Groeber (1885-1964), nacido en la Estrasburgo temporalmente alemana, coincidió con Weaver en la importancia de esta formación, mientras realizaba el levantamiento geológico de la región noroccidental de Zapala y comprobó que todos los fósiles (ammonites) que se hallaban en las sedimentitas de la formación Vaca Muerta eran de edad jurásica.

A los 70 años Weaver se retiró de la docencia, dejando detrás una gran cantidad de discípulos y un legado importantísimo en las colecciones del Washington State Museum. Una vez retirado, se trasladó a California dónde continuó con sus tareas de investigación como Investigador Asociado en el renombrado California Institute of Technology. El 17 de julio de 1958 falleció repentinamente en la ciudad de Pasadena a los 78 años.

El 8 de Noviembre de 2011, ochenta años después de los descubrimientos de Charles Edwin Weaver, la empresa petrolera Repsol YPF anunciaba con “bombos y platillos” que se encontraban frente a un “hallazgo de calidad mundial” al descubrir hidrocarburos no convencionales en la formación Vaca Muerta, cuya profundidad oscila entre los 600 y los 3.400 metros, con un espesor de 1.200 metros, con un promedio de 400 metros. El comunicado expresaba que se trataba de alrededor 927 millones de barriles, el equivalente en aquel entonces a casi 5 años de la producción de la empresa en nuestro país.

Creemos que el aporte de Weaver resulta indubitable, ya que su contribución al estudio de la Cuenca Neuquina merece nuestra mención y especial reconocimiento a una carrera dedicada a la investigación, con fuerte compromiso y disciplina científica.

 

*Grencia de Asuntos Legales del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE)

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