Opinión

Una visita real a Rusia con importantes temas en la agenda

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Salman bin Abdulaziz de Arabia Saudita, aliado histórico de EE.UU, se acerca a Moscú.

Escribe Emilio Cárdenas (*)

Hasta ahora, nunca un monarca saudita había visitado personalmente a Rusia. La reciente llegada a Moscú, en visita oficial, del actual rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdulaziz, es entonces un acontecimiento novedoso, de peso y significación.
En la agenda de las conversaciones bilaterales se incluyeron temas de distinta naturaleza, hasta los geopolíticos.

Hablamos, está claro, de dos de los más importantes exportadores de hidrocarburos del mundo, cuya exitosa reacción conjunta ante la debilidad de los precios internacionales del petróleo crudo los llevó a fluctuar ahora en una banda de unos 50 dólares el barril, saliendo de lo que en su momento fuera una situación de extrema debilidad.

Hasta ahora, la desconfianza recíproca había flotado sobre esa relación. Pero las cosas están cambiando rápidamente y cabe esperar que la vinculación entre los dos países en más se profundice. Lo que debe analizarse a la luz del simultáneo deterioro de las relaciones entre Rusia y las potencias occidentales que mantienen a Rusia sancionada económicamente tras su ilegal ocupación, por la fuerza, de Crimea y Sebastopol.

Ocurre que la exitosa campaña militar rusa en Siria le ha, a la vez, levantado el perfil y abierto el apetito. Y como esa campaña se hizo militarmente de la mano de Irán, Arabia Saudita está sumamente preocupada por el notorio crecimiento de la influencia regional de Irán, en detrimento suyo.

De allí la movida de acercamiento impulsada por Ryhad, preocupada por el impacto geopolítico adverso de lo sucedido en la guerra que aún azota a Siria.
Arabia Saudita, recordemos, apoyó a los rebeldes sirios que se alzaron contra el régimen de Bashar al-Assad. Lo mismo hicieron en paralelo, cabe apuntar, los Estados Unidos. No obstante, la presencia militar en el terreno de Rusia e Irán inclinó decisivamente la balanza a favor de al-Assad, cuya supervivencia está, por ahora, garantizada por ambas naciones. Por esto, precisamente, Arabia Saudita se esfuerza ahora en tratar de contener a Irán, acercándose a Rusia. No está nada claro si Rusia puede y quiere hacerlo. El tiempo dirá.

Pero lo cierto es que el clásico “dulce” saudita está ya sobre la mesa, en forma de inversión de un billón de dólares en un fondo de inversiones en el que participan ambos países; más unos doscientos millones de dólares que se invertirán, en cambio, en la modernización de la infraestructura rusa; y la posibilidad de que la empresa petroquímica rusa “Sibur” invierta y trabaje en la propia Arabia Saudita. No es poco. Así están hoy las cosas.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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