INTERNACIONALES

Ese obscuro objeto de deseo

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La determinación previsible de precio del crudo desvela a los más encumbrados y poderosos hombres del mundo

Por Félix Grandet

Saber cuánto va a costar el crudo en el futuro equivale a ganarse la lotería. Se trata de un mercado opaco donde sólo algunas agencias con buenos e interesados contactos obtienen los precios por deducción. Pero en realidad sólo dos o tres jugadores son los que regulan su precio, aunque muchos crean que es la mano invisible de Mr. Smith la establece el precio.

La caída del precio del crudo que se produjo en 2014 y que viene golpeando a los commodities, repercute en la economía mundial y sobre todo en las finanzas públicas, de los países extractivistas, sean éstos consumidores o no.

El precio está manejado por un cartel, la OPEP -que estaría prohibido en casi cualquier país del mundo- pero su principal jugador, vaya paradoja, Arabia Saudita, juega en contra. La propuesta de limitar la producción de petróleo, puesta encima de la mesa esta semana recientemente, muestra la voluntad de los principales países exportadores por acordar un alza en el precio, pero ¿Qué factores están aún pendiente de resolver? ¿Qué impacto tendría en el mercado?

Desde que la monarquía absoluta de Abdalá bin Saud pateara el tablero de negociaciones de la OPEP en 2014, el cartel no ha llegado a un acuerdo para reducir los niveles de producción que permitieran un precio adecuado del crudo, dando lugar a excedentes que en la actualidad se estiman del orden de 1 millón de barriles al día.

La reunión informal de la OPEP celebrada la semana pasada ha resultado en una propuesta, pendiente de ratificar como acuerdo en su reunión programada para el próximo 30 de noviembre, consistente en reducir la producción en algo menos del millón de barriles al día con el objetivo de estabilizar el mercado del crudo y hacer que sus miembros adopten un papel más activo en el mercado del petróleo.

Si bien es cierto que la primera respuesta a este anuncio fue una ligera mejora en la cotización del precio del crudo, situándose en niveles próximos a los 50 dólares por barril -lo que permitiría incluso el retorno de cierta producción no convencional que viene aflojando- existe escepticismo entre los analistas de que esta reducción de la producción vaya a ser una realidad. De hecho, en el momento actual se desconoce si quedarían al margen países como Libia y Nigeria y cuestiones como cuáles serían las cuotas de producción individuales al no estar fijadas y, sobre todo, en qué quedaría la disputa declarada entre los saudíes, pretendiendo recuperar niveles de producción de 2011, es decir, previos a las sanciones impuestas por su plan nuclear.

No está demás recordar que el 11/S pero del 2014 John Kerry firmó un acuerdo secreto con su principal aliado en Medio Oriente donde los wahabitas se comprometían a aumentar la producción y a continuar con los swaps del crudo que ISIS obtenía de los campos ocupados en el norte de Siria e Irak.

La fuente de esta información es fácil de encontrar Washington Post y Wall Street Journal. Pero volviendo al tema de propuesta efectuada por los países miembro de la OPEP y convertirse en acuerdo, la reducción de la producción de crudo planteada supondría compensar de forma suficiente el excedente actual y permitiría anticipar el equilibrio entre oferta y demanda que, según las mejores previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, sería hacia mediados de 2017. Habrá también que observar la reacción de los países no pertenecientes a la OPEP, que representan del orden del 60% de la producción mundial, pues sólo si fueran igualmente consecuentes en sus decisiones se conseguiría el deseado equilibrio. De hecho Rusia aumentó su producción ganando porciones de mercado en desmedro de otros productores.

Esto supondría que los países productores cubrieran razonablemente sus objetivos de ingresos y de rentabilidad y al mismo tiempo los países consumidores pudieran hacer frente al nuevo paradigma de precios en un contexto de ralentización del crecimiento económico mundial y no actuara de elemento obstaculizador de las economías más dependientes de la importación del crudo y frágiles en su estructura económica.

Sin menoscabo de otros factores de índole geopolítica, adicionales a los ya mencionados, así como del comportamiento de la climatología, sobre todo en el hemisferio norte en la presente estación de otoño-invierno, las estimaciones apuntan a que la curva de precios en el horizonte de 2017 se situaría en el nivel de 60/65 dólares por barril para el tipo Brent -otro referente que parece dirigirse a la extinción- aunque ciertos analistas prevén que se mantendrán los precios actuales e incluso con tendencia bajista.

Estamos una vez más ante un escenario incierto, pero con una poco clara voluntad de los principales actores del mercado del crudo de trabajar en la implementación de soluciones satisfactorias para todos los agentes que permitan de forma paulatina llegar a un precio que conforme a todos.

Será dificil conocer el precio futuro de crudo, pero como sucede siempre: cuando todos los presupuestos de los países se adapten a un nivel de precios determinado, por razones imprevistas –sea un hecho terrorista o un conflicto entre gente con turbante-- el precio del crudo subirá o descenderá impactando otras vez en las cuentas fiscales. Lo que queda claro es que el póquer petrolero se juega con cartas marcadas.

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