Opinión

La fuerte caída del precio del crudo pone a exportadores en situación delicada

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Los casos de Argelia y Azerbaiján

 

La fuerte caída del precio del crudo pone a exportadores en situación delicada

 

EMILIO-CARDENAS-GRANDE

Por Emilio J. Cárdenas (*)

La fuerte caída del precio internacional del petróleo crudo, por su magnitud, ha impactado con dureza en la economía de prácticamente todos los países exportadores de hidrocarburos. Incluyendo a Arabia Saudita, Rusia y Venezuela.

También en Argelia, país con una economía de corte socialista, que por sus rigideces no ha podido eludir el impacto fuertemente adverso de lo sucedido.

Por esto acaba de anunciar que despedirá nada menos que a un millón de empleados públicos. Lo que naturalmente supone provocar un problema social de gran envergadura. Se trata de una medida de excepción, que ha sido catalogada como realmente brutal por la oposición al gobierno, porque ella supone deshacerse del 40% de los empleados públicos del país, esto es de ese importante porcentaje de una fuerza de trabajadores públicos compuesta por unos 2,5 millones de personas.

No es que el país norafricano tenga un problema realmente único, particular o muy especial. Argelia tiene, en cifras redondas, unos 40 millones de habitantes y una población económicamente activa que puede estimarse como del orden de unos 12,3 millones de personas. El empleo público representa apenas un 20% de la fuerza laboral total. En Francia, esa misma participación del empleo público es del 22% y en los países escandinavos ella trepa hasta niveles cercanos al 30%.  Tampoco es una decisión sin precedentes. En la década de los 90, el país mediterráneo, en crisis, redujo el empleo público en unos 400.000 agentes.

La medida tomada se integra con un programa de austeridad bien severo, que se pondrá en marcha en el año en curso. Como cabía esperar, los partidos que conforman la oposición y la dirigencia sindical están protestando. Las consecuencias y el impacto de lo anunciado serán grandes y se espera un año duro, con toda suerte de medidas gremiales de protesta. Lo que puede generar algún grado de violencia en un país hoy socialmente tenso y con una tasa de desocupación juvenil relativamente alta.

La situación en Argelia es entonces seria. Ocurre que el país genera el 98% de sus ingresos por exportaciones mediante sus ventas de hidrocarburos. Ellas, que equivalen a la mitad del PBI argelino, generan algo menos de los dos tercios de los ingresos totales de la tesorería nacional. El peso relativo de los hidrocarburos en la economía local es entonces realmente sustantivo, como queda visto.

Por eso no es sorprendente que el año 2015 haya cerrado con un déficit comercial importante, el primero del país desde 1994. Esto atento a que Argelia se distingue de otros países de la región por el orden y la prolijidad que generalmente tienen sus finanzas públicas.

Pero contra el mercado en las actuales condiciones es relativamente poco lo que se puede hacer cuando la economía nacional no se ha diversificado lo suficiente, como sucede en el caso que hemos comentado. Momentos difíciles esperan previsiblemente a Argelia, desde que la crisis de los precios de los hidrocarburos ha llegado y no parece, en modo alguno, que vaya a desaparecer en el corto plazo.

En la costa del Mar Caspio, Azerbaijan tampoco la está pasando nada bien. Tiene problemas derivados de la caída del precio internacional del crudo que ya son graves.

La dura dictadura de la familia Aliyev (reconocible por sus imponentes narices), que gobierna el país desde 1993, enfrenta naturalmente momentos difíciles.

Por ello, acaba de imponer el control de cambios. Ocurre que su moneda (el “manat”), cuyo valor hasta fines del año pasado estaba “atado” al del dólar, se depreció nada menos que un tercio en apenas un mes. Esto sucedió desde que ello quedara sin efecto, en diciembre pasado, y la moneda local, en consecuencia, comenzara a fluctuar libremente en el mercado.

Para paliar las dificultades, el gobierno redujo el impuesto al valor agregado aplicable al pan y a las harinas. Y aumentó las jubilaciones, aunque sólo en un escaso 10%.

La gente tiene naturalmente pánico y busca refugio en las monedas duras, como siempre. Y, frustrada, llena las calles de Baku y otras ciudades con protestas y vociferantes manifestaciones de disconformidad.

La economía local está prácticamente en recesión. Se estima que ella crecería este año apenas un 0,8%, pero aún ese número está sujeto a desconfianza y podría resultar excesivamente optimista.

El presupuesto se calculó con los ingresos por venta de hidrocarburos valuados con un barril de 50 dólares, que ya ha quedado muy corto. Y exige recortes del lado de los gastos.

El problema es, como suele suceder, la excesiva dependencia de los hidrocarburos. Ellos componen nada menos que el 95% de las exportaciones totales de Azrbaijan. Y generan el 75% del conjunto de los ingresos fiscales, representando algo así como el 40% de PBI del país. La excesiva dependencia de lo que suceda con el precio de los hidrocarburos es ostensible y resulta, como siempre, peligrosísima.

Las reservas del Banco Central de Azerbaijan han caído a un nivel bajo, del orden de los cinco billones de dólares, lo que genera fragilidad. Y el tobogán de los precios no ha desaparecido, por lo que, como en Argelia, también en Azerbaijan las cosas van a seguir siendo complejas. Cuando esto sucede en una dictadura los problemas sociales tienen impacto directo en el plano de la política.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.  

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