Medioambiente

La presión ecologista sobre las nucleares impulsa el consumo de carbón

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Alemania: Haz lo que yo digo

 

Todo el mundo ve en Alemania un estado líder en la batalla global contra las emisiones de CO2, líder en el aumento de la eficiencia energética y pionera en las energías renovables.

Pero la vertiginosa transformación de los mercados mundiales, amenaza con derribar su esplendorosa imagen. A la irrupción de China como potencia manufacturera, el aumento del comercio sur-sur, los altos precios de los hidrocarburos y la crisis financiera de Europa, se le suma la presión de los ecologistas alemanes que complican los planes de convertir al estado teutón en una potencia “verde”.

Por precaución política, Alemania redujo la dependencia de la importación de gas de Rusia, por presiones políticas bajó la palanca de ocho centrales nucleares y prometió hacerlo con las nueve restantes; por la crisis económico-financiera que no cede en Europa, recortó los subsidios a las energías de fuente alternativa.

La pregunta que se plantea de inmediato es ¿qué fuente energética sustituirá a la nuclear, a la reducción de importaciones de gas y financiará el desarrollo de fuentes ecológicas? A priori la respuesta parece negra.

Acuerdos políticos y energía

Uno de los puntos clave del acuerdo electoral de la große Koalition -la gran coalición política entre los cristianodemócratas CDU/CSU y los socialdemócratas SPD que dominan la escena parlamentaria alemana- y que llevó a Angela Merkel a ser reelecta, fue la promesa hecha a los “verdes” de un cambio del modelo energético.

La promesa fue arrancada tras el tsunami que inundó la central nuclear de Fukushima en Japón en 2011 y que revitalizó las protestas de los ecologistas. Alemania fue el quinto mayor generador de energía nuclear en el mundo en 2012 con 94,1 terawatt-hora, última cifra disponible y confiable (EIA).

Como consecuencia del desastre japonés, el tema fue introducido en la agenda política germana y desde entonces, Angela Merkel ha cedido al reclamo de los “verdes” en perjuicio del lobby atómico.

La promesa por ahora se viene cumpliendo: cerraron ocho reactores nucleares que operan desde antes de 1980 y dicen que hacia 2022 se desconectará el resto. La medida viene con la discusión de quién asumirá los costos de desplazamiento y almacenamiento de residuos: los consorcios atómicos tiran la pelota al Gobierno de Merkel y éste por ahora, la desinfla. Un dato adicional: las centrales pueden ponerse operativas de inmediato si se requiere energía adicional.

Promesas sobre el bidet

El acuerdo sobre el “neue Energie-Modell” incluyó una reducción progresiva de las emisiones de gases que provocan efecto invernadero: entre el 80% y el 95% para 2050. Para lograr un objetivo de tal magnitud, Alemania espera reducir el consumo energético primario en un 50%, el consumo de calor en un 80%, el de electricidad un10% y el de transporte otro 10%.

En Alemania el 29% de la energía térmica la consume el sector industrial, el transporte consume un 28% mientras que el 22% corresponde a generación eléctrica. De este 22% la mitad corresponde al sector industrial.

Existen en Alemania más de 140 plantas generadoras a carbón además de las que están a la espera de aprobación y de las que están en construcción.

Los alemanes –los mayores consumidores de energía en Europa y los octavos del mundo- redujeron las importaciones de gas natural, de 3,6 billones de pies cúbicos (bpc) en 2004 a 3,1 bpc en 2013.

La razón puede encontrarse en una multiplicidad de causas: reducción de la dependencia del recurso proveniente de la conflictiva Rusia, las necesidades de reducir el giro al exterior de divisas, la caída de las ventas y producción por la crisis financiero-económica de la última década.

Die große Frage

Pero la gran pregunta que se plantea es ¿qué fuente generará la energía para mantener el alto nivel de confort alemán? La respuesta está en el carbón, la mayor fuente energética de Alemania donde casi toda la producción se destina a la producción de acero y a la generacion de energía. Es además económico, abundante y vernáculo.

El carbón representa alrededor del 24,5 % del consumo total de energía primaria de Alemania, que fue el octavo mayor productor mundial de carbón en 2012 con 217.144 toneladas. Esto contribuyó también a que Alemania fuese la cuarta economía del mundo por producto interno bruto (PIB) nominal, después de Estados Unidos, China y Japón.

Alternativas

En un país que demanda tal nivel de energía, la generación con fuentes eólica y solar siempre es insuficiente. Además Alemania tiene pocas horas de sol y poco viento; a esto se suma la propia geografía: la energía eólica se concentra en el norte del país mientras que la solar lo hace en el sur. Además las energías alternativas siguen requiriendo altas inversiones iniciales.

Hasta ahora, el Estado alemán se había encargado de subvencionar la instalación de fuentes alternativas como la solar y la eólica pero Sigmar Gabriel, el actual “superministro” de Economía y Energía, ha cerrado bruscamente la canilla de los subsidios.

La causa principal está en que la mayoría de estas empresas han fracasado, en un mercado cruzado por subsidios que hacen difícil la determinación de precios competitivos y que resultan altos para el consumidor final.

Además hay problemas técnicos, las redes de energía colapsan cuando hay un exceso de viento y es necesaria una flexibilización para que las plantas eólicas se desconecten y eviten el bloqueo.

Esto requiere nuevas instalaciones de transporte, la población está a favor del cambio de modelo, pero en contra de pagar más por la energía y de construir infraestructura que poluciona visualmente el paisaje.

Al carbón

Alemania está construyendo 4 plantas de generación a carbón y puso siete en funcionamiento recientemente. Para abastecerla se desplazan pueblos enteros que permitan la explotación a cielo abierto de hulla y lignito.

La unidad D de Hamm de RWE (800 MW), la planta RDK 8 de EnBW (912 MW), el primer grupo de Vattenfall en Hamburg- Moorburg ( 840 MW ), la unidad de Walsum 10 de Steag (725 MW) y la nueva planta de energía de carbón de GDF Suez en Wilhelmshaven (830 MW), la nueva de 810 MW de Trianel que se construyó en Luenen.

La central térmica RWE, construida en Hamm tiene una capacidad de potencia de 1,6 GW, está la primera unidad de 800 MW (Bloque D) se encuentra operando.

El proyecto de Vattenfall en Hamburg- Moorburg también está generando tras la primera puesta en marcha, realizada a finales de julio pasado.

Ninguna de estas plantas utiliza tecnología de almacenamiento de CO2, con una técnica llamada CCS que evita el efecto invernadero, si bien los ecologistas argumentan como crítica que contamina las aguas subterráneas. En el caso de Alemania, no se utiliza porque sostienen que no es económicamente rentable.

Tecnología

Los analistas critican que más un cambio en el modelo energético se necesita una política de innovación que aporte soluciones tecnológicas Según expertos del instituto de investigación en los últimos cinco años, Alemania ha mostrado una enorme pereza en la transformación de su infraestructura de renovables: en el ranking internacional del instituto, Alemania cierra una lista de 24 países, encabezados por Dinamarca, EE UU, Italia y Hungría.

El carbón seguirá suministrando la energía necesaria para que la locomotora de Europa no desacelere su desarrollo. Consecuentemente, se produce la paradoja del cambio energético alemán: a pesar de ser uno de los objetivos clave del Gobierno y el principal paradigma ecológico de los alemanes, las emisiones de dióxido de carbono aumentarán.

“Estas decisiones no está en sintonía ni con la política climática ni con la moral.” Dicen los ecologistas. Pero las centrales y la minas de carbón son fuente de trabajo y de energía barata que permite a muchos ecologistas trabajar, alimentarse, desplazarse y por supuesto, combatir el calentamiento global producido por las emisiones que provocan efecto invernadero.

Plantas de carbón en Alemania

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