El desafío de tener una matriz energética sustentable

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El problema energético argentino quedó al desnudo en 2011 cuando el país dejó de ser un exportador neto de hidrocarburos y comenzó a importarlos. Llevará años restablecer una matriz energética que brinde el autoabastecimiento que el país necesita para un crecimiento sostenido que revierta la actual tendencia decreciente en cuanto a la producción de petróleo y gas. Se sabe que en esta materia los procesos son lentos y los resultados, positivos o negativos, solo son comprobables en el largo plazo.

Por Omar Díaz*

Desde 2014, los precios de las commodities energéticas sufrieron un importante retroceso en relación al ciclo de incrementos que éstas tuvieron a partir de 2003, cuando los valores del petróleo y el gas mostraron aumentos significativos.

El primero, cuyo precio registró un aumento del 233% entre 2003 y 2014 (precio promedio del WTI, Dubai y Brent), se desplomó luego más del 50%; y el segundo, que experimentó un incremento del 53% (entre 2003 y 2014), se hundió en esa misma medida El problema energético argentino quedó al desnudo en 2011 cuando el país dejó de ser un exportador neto de estos bienes y comenzó a importarlos.

En sólo cuatro años (entre 2010 y 2014), el balance comercial del sector pasó de un superávit de US$ 2.000 millones a un déficit de US$ 6.500 millones. Al año siguiente, con la caída de los precios del petróleo, la diferencia entre exportaciones e importaciones rondó los US$ 4.000 millones.

La matriz energética primaria nacional (ver Figura N°1), es dependiente en un 85% de hidrocarburos (de los cuales el gas natural representa el 50%) y solo posee una participación exigua de las energías renovables (menor al 5%). Y la matriz secundaria (ver Figura N°2), muestra el mismo patrón: el gas natural y los combustibles representan alrededor del 80% de las fuentes de generación secundaria, mientras la electricidad llega al 14% (de este porcentaje, cerca del 2% corresponde a fuentes renovables).

Durante los últimos años las necesidades energéticas del país se transformaron en una preocupación de todos los sectores.

Las esperanzas y expectativas más importantes se encuentran hoy centradas en la exploración y explotación de recursos no convencionales, ya que el territorio argentino es uno de los cinco con mayores reservas (no probadas) según la EIA.

Desde el gobierno nacional se han articulado medidas de incentivo y acuerdos con empresas extranjeras con el objetivo de crear un ambiente propicio para el desarrollo de este recurso.

Pero donde hoy se pueden comprobar los beneficios de decisiones políticas acertadas y mantenidas en el tiempo, más allá del gobierno de turno, es en el tema de energía renovables. Por un lado, en la última década el sector privado desarrolló una importante y moderna industria de biocombustibles que ubicó al país como uno de los principales exportadores mundiales. Ese impulso se frenó a partir de las medidas tomadas por el anterior gobierno, que puso restricciones, hasta que los cambios impuestos por la nueva administración volvieron a reactivar al sector. Según datos de Indec, entre enero y marzo de este año la producción creció un 31,2% respecto del mismo período del año pasado. Este fuerte crecimiento tuvo lugar gracias a la producción de bioetanol que, en ese trimestre, subió un 72,8%.

En cuanto a las fuentes de origen solar y eólica también se percibe el comienzo de una nueva etapa de desarrollo. Datos de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER) señalan que, aún a pesar de la baja del costo de generación, la inversión en fuentes limpias resulta altamente redituable.

En 2015, durante el anterior gobierno, se sancionó con un amplio consenso político la Ley N° 27.191 de fomento a la generación de energía eléctrica a partir de fuentes renovables, donde se estableció como meta a alcanzar un 8% de generación de energías limpias para fines del año 2017, y de un 20% para fines del 2025.

La normativa establece que todos los usuarios de energía eléctrica de la Nación deberán contribuir con el cambio en la matriz energética nacional, siempre que se encuentren conectados al Sistema Argentino de Interconexión (SADI), según un esquema de objetivos para el porcentaje de consumo mínimo de energías renovables por año.

Además, los grandes usuarios deberán cumplir efectiva e individualmente con los objetivos establecidos. Bajo esta categoría se ubican aquellos que cuenten con uno o múltiples puntos de demanda de electricidad con medidores independientes registrados bajo el mismo CUIT que en la sumatoria de todos sus puntos de demanda alcancen o superen los 300 KW de potencia media contratada en el año calendario.

A fin de atraer capitales que inviertan en el sector de renovables y ayuden a cumplir las metas establecidas en la nueva legislación, el Ministerio de Energía y Minería lanzó en mayo de este año un llamado a licitaciones públicas en el marco del Programa RenovAr para adicionar 1.000 MW de energía limpia a la matriz energética nacional. Con el objetivo de ofrecer un adecuado nivel de transparencia y fomento en lo referente al financiamiento, las garantías y la previsibilidad de pago a los proyectos adjudicados, se obtuvieron avales del Banco Mundial y se creó el Fondo para el Desarrollo de Energías Renovables (FODER) al que se le asignaron recursos por $12.000 millones.

En la ronda 1 se recibieron 123 ofertas. Se asignaron contratos en precios promedios por U$S/MW 59,39 para energía eólica y U$S & MW 59,75 para energía solar. En el marco de esta licitación, las empresas adjudicadas firmaron un contrato de abastecimiento de energía eléctrica renovable con CAMMESA (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico) que actuará en representación de las empresas distribuidoras y de los grandes consumidores.

De acuerdo al último reporte de la Cámara del sector, existen proyectos de generación de energía a partir de fuentes limpias por más de 7.000 MW de potencia a la espera de financiación. Es por esta razón que, inmediatamente después de la publicación de los proyectos adjudicados para esta licitación, el Ministerio de Energía y Minería convocó a una nueva ronda, el RenovAr 1.5, para captar aquellos proyectos eólicos y solares fotovoltaicos que quedaron fuera de las adjudicaciones del RenovAr 1. El objetivo era incorporar a la matriz energética nacional otros 600 MW de energía limpia que se sumarán a los 1.000 MW de la ronda anterior.

De los 400 MW licitados inicialmente para proyectos eólicos, 100 MW se destinarían al Corredor Comahue, 100 MW al Patagonia, 100 MW a Buenos Aires y otros 100 MW al resto del país. Además, se prevén también 200 MW solares, los cuales se consignarían por partes iguales para proyectos en el NOA (100 MW) y en nodos restantes (100 MW). De esta forma, el RenovAr 1.5 busca regionalizar diversos proyectos, dotando al programa de un carácter más federal que su versión anterior. Para esta ronda, el Ministerio recibió 47 ofertas por un total de 2.486 MW (1.561 MW para proyectos eólicos, 925 MW para solares), de los cuales se seleccionaron 30 proyectos que representan un incremento de la capacidad nacional en 1.281,5 MW, más del doble del monto inicial licitado por el Gobierno. De las propuestas adjudicadas, 10 corresponden a proyectos eólicos por 765,4 MW y 20 a desarrollos solares por 516,2 MW.

El precio promedio se ubicó en US$ 54 por MWh, mejorando incluso las ofertas económicas del RenovAr 1. Entre los proyectos adjudicados en ambas rondas, este año Argentina adquirió en total más de 2.000 MW de capacidad en energías renovables, y se planea seguir incorporando MW a través de nuevas rondas del programa RenovAr a efectuarse este año. Realizadas las adjudicaciones, Argentina mejorará su posición actual en el camino para alcanzar la meta establecida por la Ley para fines del 2017 de tener por lo menos el 8% de la energía eléctrica del país proveniente de fuentes renovables.

El anterior gobierno logró la aprobación de la Ley de Energías Renovables y el actual gobierno la reglamentó, impulsando también el plan RenovAr con resultados muy positivos independientemente de los cambios de gobierno.

Esto es una demostración de lo que se puede lograr cuando se establecen políticas claras de mediano y largo plazo con consenso generalizado. Se espera que hacia fines de 2017 los primeros parques puedan avanzar significativamente en su construcción y, en algunos casos, incorporando efectivamente electricidad al sistema.

De esta manera, Argentina avanza en el desarrollo de las energías renovables aprovechando sus recursos naturales extraordinarios, una política definida y previsible que atrae a inversores tanto nacionales como extranjeros. El año pasado fue exitoso en esta materia, y los resultados de las licitaciones son un notorio avance.

El paquete de medidas adoptado por el gobierno nacional permite establecer un desarrollo del mercado eléctrico a largo plazo en diversos puntos del país y, además, proporciona un marco regulatorio para aumentar la participación de las renovables en la matriz energética nacional.

Con este antecedente, 2017 es un año clave teniendo en cuenta que se deberán llevar a cabo los proyectos adjudicados, impulsar el mercado entre privados y lanzar la Ronda 2.0, prevista para el segundo semestre.

No caben dudas de que estamos frente a un cambio de paradigmas basado en la importancia de un consenso general y político para el impulso de las energías renovables, que además de contribuir con el desarrollo sustentable y el cuidado ambiental, pueda generar empleo e inversiones.-

*Socio responsable de Energías Renovables KPMG Argentina

 

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